Aves migratorias, tortugas marinas, peces e insectos pueden utilizar el campo magnético terrestre para orientarse
Cada año, millones de animales recorren enormes distancias sin mapas, brújulas ni GPS. Algunas aves atraviesan continentes, las tortugas marinas regresan a zonas donde nacieron y ciertos peces realizan migraciones de cientos o miles de kilómetros.
¿Cómo consiguen orientarse?
Una de las respuestas está en un fenómeno conocido como magnetorrecepción, la capacidad de algunos organismos para detectar y utilizar el campo magnético de la Tierra como referencia para desplazarse. Este sentido ha sido documentado en diferentes grupos de animales, aunque los científicos todavía investigan exactamente cómo funciona en cada especie.
Un campo magnético invisible que rodea al planeta
La Tierra está rodeada por un campo magnético generado principalmente por los movimientos del hierro y el níquel líquidos en su núcleo externo.
Aunque los seres humanos no podemos percibirlo directamente, este campo proporciona información que algunos animales pueden utilizar para determinar direcciones, posiciones y rutas migratorias.
En determinadas especies, la intensidad y la inclinación del campo también podrían formar parte de una especie de mapa natural que ayuda a reconocer diferentes regiones del planeta.
Lo sorprendente es que este mecanismo puede funcionar incluso cuando otros puntos de referencia son difíciles de utilizar.
Las aves podrían tener una especie de brújula en los ojos
Las aves migratorias son uno de los grupos en los que más se ha estudiado la magnetorrecepción.
Los experimentos realizados durante décadas indican que determinadas aves pueden utilizar información del campo magnético para establecer una dirección durante sus desplazamientos.
Una de las principales hipótesis apunta a unas proteínas llamadas criptocromos, presentes en la retina.
Estas proteínas son sensibles a la luz y podrían participar en reacciones químicas capaces de verse afectadas por el campo magnético terrestre. El mecanismo propuesto se conoce como mecanismo de pares radicales.
En otras palabras, el ave podría obtener información magnética a través de procesos químicos relacionados con la luz que llegan a sus ojos.
Un campo magnético invisible que rodea al planeta
La Tierra está rodeada por un campo magnético generado principalmente por los movimientos del hierro y el níquel líquidos en su núcleo externo.
Aunque los seres humanos no podemos percibirlo directamente, este campo proporciona información que algunos animales pueden utilizar para determinar direcciones, posiciones y rutas migratorias.
En determinadas especies, la intensidad y la inclinación del campo también podrían formar parte de una especie de mapa natural que ayuda a reconocer diferentes regiones del planeta.
Lo sorprendente es que este mecanismo puede funcionar incluso cuando otros puntos de referencia son difíciles de utilizar.
Las aves podrían tener una especie de brújula en los ojos
Las aves migratorias son uno de los grupos en los que más se ha estudiado la magnetorrecepción.
Los experimentos realizados durante décadas indican que determinadas aves pueden utilizar información del campo magnético para establecer una dirección durante sus desplazamientos.
Una de las principales hipótesis apunta a unas proteínas llamadas criptocromos, presentes en la retina.
Estas proteínas son sensibles a la luz y podrían participar en reacciones químicas capaces de verse afectadas por el campo magnético terrestre. El mecanismo propuesto se conoce como mecanismo de pares radicales.
En otras palabras, el ave podría obtener información magnética a través de procesos químicos relacionados con la luz que llegan a sus ojos.
¿Los animales realmente “ven” el campo magnético?
Esta es una de las preguntas más fascinantes.
Los investigadores consideran que algunos animales podrían percibir información magnética de una manera completamente diferente a la brújula que conocemos.
En las aves, por ejemplo, el mecanismo basado en criptocromos podría proporcionar información relacionada con la dirección del campo. Algunos estudios plantean que esa información podría integrarse con señales visuales y procesarse posteriormente en el cerebro.
Eso no significa necesariamente que el animal vea líneas magnéticas como si fueran dibujadas sobre el paisaje. La percepción podría producir una señal sensorial que el cerebro utiliza para orientarse.
La magnetita: otra posible brújula natural
Los criptocromos no son la única explicación investigada.
Otra hipótesis señala a la magnetita, un mineral compuesto por óxido de hierro que puede presentar propiedades magnéticas.
Se han encontrado estructuras relacionadas con partículas magnéticas en distintos organismos, y los investigadores estudian si estas podrían funcionar como pequeños sensores capaces de responder al campo magnético terrestre.
En algunas aves se ha propuesto que un sistema relacionado con magnetita podría proporcionar información sobre la intensidad del campo y contribuir a una especie de mapa magnético. Sin embargo, todavía existen interrogantes sobre la localización exacta y el funcionamiento de estos receptores.