La ciencia descubrió que estos movimientos están relacionados con un reloj biológico interno que funciona incluso cuando no podemos verlo
Cuando cae el sol, un bosque puede parecer completamente inmóvil. Sin embargo, muchas plantas comienzan a experimentar cambios que pasan desapercibidos para nosotros.
Algunas pliegan sus hojas, otras cambian la orientación de sus ramas y determinadas flores permanecen cerradas durante el día para abrirse cuando llega la oscuridad.
Aunque pueda parecer que las plantas simplemente “se duermen”, detrás de estos movimientos existe una combinación de mecanismos biológicos, cambios en la presión de las células y señales relacionadas con la luz.
¿Las plantas realmente duermen?
No exactamente. Las plantas no duermen de la misma manera que los animales porque no tienen cerebro ni un sistema nervioso central.
Sin embargo, sí presentan ciclos diarios de actividad y descanso. Estos ciclos forman parte de los llamados ritmos circadianos, mecanismos internos que permiten a los organismos anticipar los cambios entre el día y la noche.
En lugar de esperar a que desaparezca completamente la luz para reaccionar, muchas plantas pueden prepararse para el cambio porque poseen un reloj biológico interno.
¿Por qué algunas plantas cierran sus hojas?
Uno de los fenómenos más llamativos se conoce como nictinastia. Se trata de movimientos que hacen que algunas hojas adopten una posición diferente durante la noche.
El mecanismo está relacionado con pequeñas estructuras ubicadas en la base de las hojas, conocidas como pulvínulos.
Estas estructuras pueden modificar la presión de agua dentro de determinadas células y provocar que las hojas cambien de posición. El resultado puede parecer un movimiento deliberado: durante el día las hojas se encuentran abiertas y por la noche se pliegan o bajan.
La luz funciona como una señal
Para las plantas, la luz no es solamente necesaria para realizar la fotosíntesis. También funciona como una fuente de información sobre el ambiente. Las plantas poseen receptores capaces de detectar diferentes características de la luz, incluyendo su intensidad y composición.
Con esa información pueden determinar si es de día o de noche y ajustar distintos procesos fisiológicos. Esto permite que una planta adapte su comportamiento a las condiciones que encontrará durante las siguientes horas.
Un reloj biológico dentro de cada planta
Los ritmos circadianos permiten que muchos procesos vegetales sigan ciclos de aproximadamente 24 horas.
La apertura de hojas, el crecimiento, la producción de determinadas sustancias y otros procesos pueden estar regulados por estos ritmos.
Lo más sorprendente es que el mecanismo puede continuar funcionando incluso cuando las condiciones ambientales cambian temporalmente. En experimentos controlados, algunas plantas mantienen determinados ciclos diarios aun cuando se modifica el patrón habitual de iluminación.
Esto demuestra que no reaccionan únicamente a lo que ocurre en ese instante: también tienen un sistema interno capaz de medir el paso del tiempo.
¿Por qué les sirve “dormir”?
Los científicos consideran que estos movimientos pueden tener diferentes funciones dependiendo de la especie.
Cerrar o modificar la posición de las hojas durante la noche podría ayudar a reducir la pérdida de calor o modificar la exposición al ambiente. También puede cambiar la interacción de la planta con determinados animales o insectos.
Pero no existe una explicación única aplicable a todas las especies. Cada planta evolucionó en ambientes diferentes y desarrolló estrategias particulares para sobrevivir.
Las flores también tienen horarios
Los movimientos nocturnos no se limitan a las hojas. Algunas plantas tienen flores que se abren durante la noche y permanecen cerradas durante buena parte del día.
Esto está relacionado con sus polinizadores.
Las especies polinizadas por polillas, murciélagos u otros animales nocturnos pueden concentrar su actividad durante las horas de oscuridad.
Incluso el aroma de determinadas flores puede intensificarse durante la noche para atraer a estos animales.
Un mundo vegetal que se mueve lentamente
Una de las razones por las que estos fenómenos pasan desapercibidos es la velocidad. Las plantas no se mueven como los animales.
Sus cambios pueden producirse durante minutos u horas, por lo que el ojo humano muchas veces no los registra. Sin embargo, si se realiza una fotografía en intervalos de tiempo, el movimiento resulta evidente.
Una planta que parecía completamente inmóvil durante el día puede aparecer plegándose, inclinándose y cambiando de posición a medida que cae la noche.
Las plantas no están quietas
Durante mucho tiempo, las plantas fueron consideradas organismos pasivos que simplemente permanecían en un lugar y reaccionaban lentamente al ambiente.
La investigación científica mostró una realidad mucho más compleja. Las plantas pueden detectar luz, temperatura, humedad, gravedad, sustancias químicas y señales procedentes de otros organismos.
También pueden modificar su crecimiento y comportamiento en función de esa información. No tienen cerebro, pero cuentan con sistemas biológicos capaces de percibir el entorno y responder de manera sofisticada.
La próxima vez que caiga la noche
Cuando el sol desaparezca y las plantas parezcan quedarse inmóviles, en realidad puede estar ocurriendo todo lo contrario.
En hojas, tallos y flores comenzarán a activarse procesos regulados por el reloj biológico de cada especie. Algunas cerrarán sus hojas. Otras cambiarán su posición. Algunas flores comenzarán a abrirse.
La naturaleza no se detiene cuando cae la noche.Simplemente cambia su ritmo.