La ciencia analiza qué efectos puede tener sobre el estrés, el sueño, el movimiento y la conexión con el entorno
Durante miles de años, los seres humanos caminaron directamente sobre la tierra. Sin embargo, la vida moderna hizo que pasemos gran parte del día separados del suelo por zapatos, edificios y diferentes materiales.
Por eso, caminar descalzo sobre el pasto, la arena o la tierra se convirtió en una práctica popular entre quienes buscan pasar más tiempo en contacto con la naturaleza.

Pero ¿qué ocurre realmente en nuestro cuerpo cuando dejamos los zapatos y caminamos sobre superficies naturales?
La respuesta es más interesante de lo que parece. Aunque en redes sociales circulan afirmaciones sobre supuestos beneficios eléctricos o de “descarga” del organismo, la evidencia científica disponible es mucho más limitada. Lo que sí está bien estudiado es que pasar tiempo en espacios naturales y realizar actividad física puede tener efectos positivos sobre el bienestar.
Los pies reciben información del terreno
Cuando caminamos descalzos, nuestros pies entran en contacto directo con diferentes superficies.

El sistema nervioso recibe información procedente de los receptores presentes en la piel y en los músculos, lo que permite al cerebro detectar cambios en la textura, temperatura y presión.
Caminar sobre arena, césped o tierra no genera las mismas sensaciones que hacerlo sobre una superficie completamente plana.
El cuerpo debe realizar pequeños ajustes para mantener el equilibrio y adaptar el movimiento.
Caminar descalzo puede estimular el equilibrio
Una de las diferencias más evidentes aparece en la forma en que utilizamos los pies.
Sin calzado, los músculos y articulaciones deben adaptarse directamente a las irregularidades del terreno. Esto puede aumentar la participación de determinados músculos estabilizadores y estimular la propiocepción, es decir, la capacidad del organismo para saber dónde están sus distintas partes en el espacio.
Esto no significa que caminar descalzo sea necesariamente mejor para todas las personas. El tipo de superficie, la condición física y las características individuales también importan.
¿Qué ocurre cuando caminamos sobre la arena?
La arena presenta un desafío particular porque el suelo se mueve debajo de los pies.
Cada paso requiere ajustes constantes para mantener la estabilidad. Por eso, caminar sobre la playa puede resultar físicamente más exigente que caminar sobre una superficie firme.
Además, el contacto con la arena genera estímulos táctiles diferentes a los de una vereda o un piso.
El contacto con la naturaleza también puede reducir el estrés
Aquí aparece uno de los aspectos más interesantes.
Numerosas investigaciones han estudiado la relación entre naturaleza, actividad física y bienestar psicológico.
Pasar tiempo en espacios verdes puede favorecer la relajación y reducir la percepción de estrés en determinadas personas.
Por eso, parte de los beneficios atribuidos a caminar descalzo podrían estar relacionados no con el contacto físico con la tierra en sí mismo, sino con salir al exterior, moverse y pasar tiempo en ambientes naturales.
¿La tierra puede “descargar” electricidad del cuerpo?
Esta es una de las afirmaciones más difundidas en internet.

La llamada “earthing” o “grounding” sostiene que el contacto directo con la superficie terrestre permitiría transferir electrones al organismo y producir distintos beneficios para la salud.
Sin embargo, la evidencia disponible no permite afirmar que caminar descalzo sobre la tierra sea un tratamiento médico ni que produzca las numerosas mejoras que suelen atribuirse a esta práctica.
Es importante diferenciar una hipótesis científica de un beneficio clínicamente demostrado.
Una práctica sencilla, pero con algunas precauciones
Caminar descalzo puede ser una actividad agradable, especialmente sobre césped limpio, arena o superficies seguras.
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Pero también existen riesgos: objetos cortantes, piedras, superficies demasiado calientes, insectos o heridas en los pies.
Por eso, no se recomienda hacerlo en lugares desconocidos o potencialmente peligrosos.
El verdadero beneficio podría estar en volver a caminar
Más allá de las teorías sobre la electricidad corporal, existe un beneficio mucho más sencillo: caminar es una forma de actividad física.
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Si además se realiza al aire libre, puede combinar movimiento, exposición a espacios naturales y una pausa de las rutinas sedentarias.
En ese sentido, quitarse los zapatos puede ser una experiencia sensorial interesante, pero la ciencia respalda con mucha más claridad los beneficios generales de la actividad física y del contacto con la naturaleza que las afirmaciones extraordinarias sobre la “energía” de la Tierra.