Cómo funciona este dispositivo híbrido que puede procesar información con un consumo energético mucho menor
La inteligencia artificial avanza a una velocidad inédita, pero su expansión también plantea un desafío cada vez mayor: el enorme consumo de energía necesario para entrenar y ejecutar los modelos más sofisticados.
Ahora, un equipo de investigadores de Estados Unidos encontró una alternativa que parece salida de una película de ciencia ficción: utilizar ADN sintético como parte de una memoria informática.
El desarrollo fue realizado por científicos de Penn State, quienes combinaron moléculas de ADN sintético con un semiconductor para crear un dispositivo capaz de almacenar y procesar información en el mismo lugar. Según los investigadores, el sistema podría consumir hasta 100 veces menos energía que determinadas tecnologías convencionales.

¿Cómo funciona una computadora que utiliza ADN?
El ADN suele asociarse con la genética y el funcionamiento de los organismos vivos. Sin embargo, sus propiedades físicas también pueden ser aprovechadas para almacenar información.
En el nuevo dispositivo, los investigadores utilizaron ADN sintético junto con componentes electrónicos para desarrollar una arquitectura de memoria diferente de la que utilizan las computadoras tradicionales.
Una de las claves está en que el dispositivo permite guardar y procesar información en el mismo lugar. En las computadoras actuales, buena parte de la energía se consume trasladando datos entre la memoria y los componentes encargados de procesarlos.
Reducir ese movimiento podría representar una ventaja importante, especialmente en sistemas de inteligencia artificial que necesitan manejar enormes cantidades de información.
El problema energético de la inteligencia artificial
El crecimiento de la IA generativa provocó una expansión acelerada de los centros de datos. Allí funcionan miles de procesadores que necesitan electricidad y sistemas de refrigeración para mantenerse operativos.
El desafío no es solamente desarrollar modelos de IA más inteligentes. También es conseguir que puedan funcionar con menos recursos y de una manera más eficiente.
Por eso, las investigaciones que buscan nuevas formas de almacenamiento y procesamiento están adquiriendo cada vez mayor importancia.
El dispositivo desarrollado por Penn State apunta precisamente en esa dirección: combinar materiales biológicos con tecnología electrónica para reducir el costo energético de determinadas operaciones informáticas.
ADN y tecnología: una combinación que gana terreno
La utilización del ADN para almacenar información no es completamente nueva. Desde hace años, científicos investigan la posibilidad de aprovechar la enorme capacidad de las moléculas de ADN para guardar datos.
La diferencia del nuevo desarrollo está en intentar integrar esa capacidad con componentes electrónicos capaces de realizar operaciones informáticas.
El objetivo final es construir sistemas en los que el almacenamiento y el procesamiento estén mucho más próximos entre sí.
Esta idea podría resultar especialmente interesante para la inteligencia artificial, donde el movimiento constante de grandes volúmenes de datos representa uno de los principales costos energéticos.
¿La tecnología podría reemplazar a las memorias actuales?
No por ahora.
Los investigadores todavía deben superar importantes obstáculos antes de que este tipo de dispositivos pueda utilizarse en computadoras comerciales.
La tecnología se encuentra en una etapa de investigación y desarrollo. Será necesario comprobar su velocidad, durabilidad, capacidad de fabricación a gran escala y comportamiento en aplicaciones reales.
Por eso, no significa que las computadoras convencionales vayan a desaparecer en el corto plazo.
El verdadero interés del descubrimiento está en demostrar que la combinación de biología y electrónica puede abrir una nueva vía para diseñar dispositivos informáticos.
Una posible solución para una IA que consume cada vez más energía
La inteligencia artificial necesita cada vez más capacidad de procesamiento. A medida que los modelos aumentan su tamaño y complejidad, también crecen los recursos necesarios para entrenarlos y utilizarlos.
En ese contexto, una memoria que pueda almacenar y procesar información utilizando mucha menos energía podría convertirse en una pieza importante de los futuros sistemas de computación.
El desarrollo de Penn State representa, por ahora, una prueba de concepto. Pero plantea una pregunta que puede resultar decisiva para el futuro tecnológico: ¿podría la biología ayudar a resolver algunos de los problemas que la propia revolución digital está generando?
La respuesta todavía está en investigación. Lo que sí queda claro es que el ADN ya no pertenece exclusivamente al mundo de la biología: también empieza a convertirse en un candidato para la próxima generación de tecnología informática.