Por qué el estigma asociado al tabaco puede retrasar el diagnóstico de cáncer de pulmón en no fumadores

Pacientes y profesionales suelen interpretar síntomas bajo prejuicios persistentes, una mirada que demora consultas, limita apoyo público para investigación y deja cuadros avanzados ajenos a vigilancia sanitaria habitual con frecuencia


Bryant Lin recibió un diagnóstico de cáncer de pulmón en estadio 4 en la primavera de 2024, antes de cumplir 50 años, después de seis semanas con tos seca persistente. El médico y profesor clínico de la Universidad de Stanford nunca había fumado y la enfermedad ya se había extendido al hígado, los huesos y el cerebro.

La reducción del tabaquismo en Estados Unidos y otros países expuso una realidad que durante décadas quedó asociada casi exclusivamente al cigarrillo: el cáncer de pulmón también afecta a quienes nunca fumaron. Este grupo representa aproximadamente uno de cada cinco pacientes con esta enfermedad en Estados Unidos.

El cáncer de pulmón entre quienes nunca fumaron es la octava causa de muerte por cáncer en Estados Unidos y la quinta en el mundo. Las personas incluidas en esta categoría consumieron menos de 100 cigarrillos a lo largo de su vida.

Lin había probado tratamientos habituales para alergias, asma y reflujo antes de solicitar una radiografía. “Sin duda, fue un shock”, relató sobre el resultado que confirmó una enfermedad considerada incurable, si no terminal.

El diagnóstico tuvo una coincidencia personal y profesional: Lin acababa de cofundar el Centro Stanford para la Investigación y la Educación en Salud Asiática, conocido como CARE. La institución estudia enfermedades que afectan de forma desproporcionada a comunidades asiáticas, entre ellas el cáncer de pulmón en personas que no fuman.

“Me diagnosticaron la misma enfermedad que nuestro centro estaba tratando”, afirmó el médico. Desde entonces, convirtió su caso en parte de una campaña para ampliar la detección precoz y la investigación sobre este tipo de tumores.

Un perfil clínico distinto entre quienes nunca fumaron

El adenocarcinoma es el tipo más frecuente de cáncer de pulmón y también fue el tumor por el que al papa León XIV le extirparon una parte del pulmón derecho. No se conoce que haya fumado alguna vez.

Las investigaciones recientes identificaron características clínicas y demográficas propias de los tumores no relacionados con el tabaco. Un estudio publicado en septiembre halló una mutación poco frecuente, concentrada en el sureste de Estados Unidos, que eleva 60 veces el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón en personas que nunca fumaron.

Las mujeres que no fumaron tienen más del doble de probabilidades de padecer la enfermedad que los hombres en la misma condición. Dos tercios de los casos no vinculados al tabaquismo se producen entre mujeres.

“Dos tercios de los casos de cáncer de pulmón no relacionados con el tabaquismo se dan en mujeres, por lo que sin duda existe una asociación con el sexo femenino”, explicó Jaclyn LoPiccolo, oncóloga médica del Instituto Oncológico Dana-Farber y autora del estudio sobre mutaciones.

La especialista añadió que el cuadro también es más frecuente entre personas de ascendencia asiática oriental. Sin embargo, todavía no se determinó si esa diferencia responde a una asociación genética, ambiental o a ambas.

La exposición al humo de segunda mano, el radón, la contaminación atmosférica y el amianto figuran entre los factores de riesgo, con independencia del sexo o la etnia. También se asocia con un riesgo mayor tener un familiar de primer grado diagnosticado con cualquier tipo de cáncer antes de los 50 años.

A comienzos del siglo XX, el cáncer de pulmón era una enfermedad poco habitual en Estados Unidos: se registraban menos de 140 casos anuales. En una reseña de 1912, el médico Isaac Adler escribió que “la inmensa mayoría de los médicos rara vez, o nunca, piensan en un diagnóstico de tumor pulmonar”.

Un siglo después, la enfermedad se convirtió en la principal causa de muerte por cáncer en el mundo. En Estados Unidos, cada año provoca más fallecimientos que los cánceres de colon, mama y próstata juntos.

El estigma y las barreras para detectar la enfermedad

Las personas fumadoras y no fumadoras afrontan un estigma que puede retrasar el diagnóstico y el tratamiento, además de limitar el respaldo público a la investigación y la atención médica. La asociación automática entre cáncer de pulmón y consumo de tabaco influye en la forma en que pacientes y profesionales interpretan los síntomas.

“Un diagnóstico de cáncer nunca debería convertirse en un juicio sobre un paciente”, sostuvo Haiying Cheng, oncóloga médica del Centro Oncológico Integral Montefiore Einstein en Nueva York.

Quienes nunca fumaron suelen recibir el diagnóstico en fases más avanzadas porque ni los pacientes ni los médicos los consideran población vulnerable. Cheng pidió abandonar “la vieja idea de quién padece cáncer de pulmón” para evaluar el riesgo individual y la biología de cada tumor.

El Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos recomienda estudios de detección precoz solo para fumadores o exfumadores de entre 50 y 80 años. El aumento de casos entre personas que no fumaron plantea la posibilidad de que criterios basados en el riesgo, y no exclusivamente en el historial de tabaquismo, permitan identificar antes la enfermedad.

Taiwán cuenta con un programa nacional de detección precoz que ofrece tomografías computarizadas de baja dosis a personas no fumadoras con antecedentes familiares de cáncer de pulmón. Lin les aconsejó a sus dos hijos que, al llegar a los 40 o 45 años, consideren realizarse controles.

“Para entonces, tal vez haya diferentes tipos de pruebas disponibles, incluyendo análisis de sangre. Ojalá hayamos avanzado mucho para entonces”, expresó.

La vida profesional durante un tratamiento en estadio 4

Desde su diagnóstico, Lin impartió en la Facultad de Medicina de Stanford un curso basado en su experiencia, titulado Del diagnóstico al diálogo: la lucha de un médico contra el cáncer en tiempo real. También continuó promoviendo la Iniciativa Stanford CARE contra el cáncer de pulmón en poblaciones asiáticas.

El médico colabora con la Fundación Susan Wojcicki para respaldar iniciativas de detección temprana y fundó una empresa destinada a acelerar el desarrollo de terapias contra el cáncer de pulmón. Mantiene esas actividades mientras continúa bajo tratamiento.

La supervivencia a cinco años para el cáncer de pulmón en estadio 4 es de apenas 13 %. Lin recibe una terapia con anticuerpos dirigida contra una mutación específica que impulsa el crecimiento tumoral y que aparece con mayor frecuencia entre quienes nunca fumaron.

“El tratamiento me ha sentado de maravilla”, dijo. “Cuando era estudiante de medicina o residente, jamás habría imaginado que un paciente con cáncer de pulmón en estadio 4 pudiera ser tan productivo y tener una alta calidad de vida casi dos años y medio después del diagnóstico”.

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