Una investigación internacional con más de 400.000 personas describe que la ausencia de relaciones sexuales está vinculada a la genética, personalidad, entorno social y nivel educativo, pero no se puede establecer una relación causal directa
Un estudio a gran escala liderado por el Max Planck Institute for Empirical Aesthetics (MPIEA) de Frankfurt ha revelado que la virginidad en adultos mayores, definida como la total ausencia de relaciones sexuales a lo largo de la vida, se encuentra en la intersección de factores genéticos, psicológicos y sociales. Esta investigación, que involucró a más de 400.000 británicos de entre 39 y 73 años, ofrece nuevas perspectivas para comprender la diversidad de trayectorias vitales fuera de los patrones habituales y aporta evidencia sobre un fenómeno aún poco explorado fuera del ámbito académico.
Aunque los resultados amplían la comprensión del fenómeno, el propio equipo de autores y expertos consultados señalan varias limitaciones y matices. Karin Verweij, coautora desde el Amsterdam University Medical Centre (UMC), subrayó que las asociaciones detectadas no permiten hablar de una causalidad directa. La ausencia de experiencia sexual parece depender de una compleja red de contribuciones ambientales y personales, además de factores biológicos, pero no existe un “gen de la virginidad”. Los autores aclaran además que la investigación no distingue entre quienes adoptaron la virginidad y quienes la vivieron como imposición o circunstancia no elegida, lo que invita a la prudencia al interpretar los resultados.
El estudio, publicado en la revista PNAS, sostiene que cerca de 1% de las personas analizadas nunca tuvo relaciones sexuales en su vida. Este colectivo presenta una incidencia mayor de nivel educativo alto, menos consumo de sustancias y uso temprano de gafas, junto a mayores tasas de soledad, ansiedad y menor satisfacción personal. La proporción de hombres vírgenes crece en regiones donde hay menos mujeres y mayor desigualdad económica, señal de la influencia del contexto social y demográfico.
El informe describe que múltiples dimensiones explican la virginidad persistente: desde la personalidad y la inteligencia hasta condiciones psiquiátricas. Abdel Abdellaoui, también del Amsterdam UMC, detalló el vínculo observado entre la virginidad y factores hereditarios relacionados con la inteligencia, el nivel educativo y diagnósticos como el espectro autista. Según estimaciones, la herencia genética podría justificar cerca del 15% de la variabilidad observada en la falta de experiencia sexual.
Los factores sociales y el bienestar
Las restricciones del entorno socioeconómico aparecieron como determinantes. El trabajo indica que en regiones con desigualdad y con menor presencia de mujeres, la prevalencia de adultos sin relaciones sexuales es mayor. A nivel individual, se observaron patrones como menor consumo de alcohol y drogas, además de un carácter socialmente más retraído, lo que complicó la posibilidad de encontrar pareja, según Brendan Zietsch del University of Queensland.
La carencia de vida sexual y de pareja funcional estuvo relacionada con una menor red de apoyo: Laura Wesseldijk, del MPIEA, remarcó que la falta de relaciones intimas priva a estas personas de “fuentes importantes de apoyo social”, lo que se asocia —según informaron— con sentimientos de soledad, ansiedad y bajo bienestar subjetivo.
El estudio destaca que los resultados no implican un juicio de valor moral sobre la vida sexual de los participantes y subraya la existencia de múltiples formas de experimentar la sexualidad o la ausencia de ella.
Asexualidad: una orientación diversa
Consultado por Infobae, el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin explicó que la asexualidad se define por la falta o muy baja atracción sexual, lo cual no implica necesariamente la existencia de un trastorno ni de un deseo sexual hipoactivo. De acuerdo con Ghedin, muchas personas asexuales no experimentan malestar ni lo perciben como algo patológico, sino como una orientación más dentro de la diversidad humana.
Según Ghedin, existen asexuales heterosexuales, homosexuales y bisexuales, y estos individuos suelen desarrollar otros recursos para establecer y sostener vínculos: romanticismo, comunicación, intereses compartidos o afinidades laborales. En muchos casos, la atracción romántica puede estar presente, aunque separada de la atracción sexual. También pueden variar los niveles de comodidad con la actividad sexual: algunas personas se definen como sexualmente positivas, neutrales u opuestas a la misma.
Claves del fenómeno: biología, psicología y sociedad
Entre las características más comunes en personas asexuales, los datos del estudio y la evaluación clínica incluyen la ausencia de atracción sexual intensa por otras personas o su existencia en niveles mínimos. Algunas pueden sentir fuerte atracción romántica, mientras que otras no diferencian entre ambas formas de acercamiento interpersonal.
La investigación concluye que la ausencia de experiencia sexual a lo largo de la adultez es un fenómeno complejo y multifacético, determinado por la interacción de influencias hereditarias, características de personalidad, nivel educativo, contexto social y salud mental. El análisis internacional publicado por el MPIEA subraya la necesidad de abordar este fenómeno desde una perspectiva amplia y sin reduccionismos, ya que la explicación única o lineal resulta insuficiente cuando se confronta con la complejidad señalada por la evidencia recopilada en este análisis.