La actualización de peligrosidad de 2022, elaborada con datos de 1471 a 2019 y nuevas mediciones, reorganizó el esquema nacional en cinco categorías y orienta las reglas de edificación y la planificación urbana
Los recientes terremotos en Venezuela reabrieron en Argentina el debate sobre el riesgo sísmico y la capacidad de sus ciudades para resistir futuros eventos, en un país donde el mapa nacional de peligrosidad actualizado por el INPRES en 2022 confirmó que ya no existen zonas de amenaza nula y que la franja más expuesta se concentra en el sur de San Juan y el norte de Mendoza.
Ese mapa incorporó datos reunidos entre 1471 y 2019 y fue renovado después de 40 años con nuevas tecnologías y registros de monitoreo. La actualización se apoya en mediciones de sismógrafos y acelerógrafos distribuidos en puntos clave del país.
Según explicó Alejandro Giuliano, ex director del INPRES, a Infobae, el territorio argentino se organiza en cinco zonas sísmicas, desde la zona cero hasta la zona cuatro, con un gradiente que va del riesgo muy bajo a los niveles de mayor peligrosidad. La clasificación es una referencia central para la planificación urbana, las normas de construcción y la protección de la población.
La mayor amenaza corresponde a la región sur de San Juan y el norte de Mendoza, incluidas sus capitales. En el escalón inmediatamente inferior, la zona tres, aparecen el centro mendocino, el norte y este sanjuaninos, el oeste de La Rioja y una franja del noroeste de San Luis.
El mapa de 2022 ubica la máxima peligrosidad entre San Juan y Mendoza
El área de peligro moderado, identificada como zona dos, se extiende desde el norte de Salta y Jujuy hasta el noreste de Chubut. También incluye toda Tucumán, Catamarca, el oeste de Córdoba y parte de Tierra del Fuego.
En un nivel de peligrosidad reducida figuran el centro y norte de Tierra del Fuego, el sur de San Luis, sectores de Mendoza y el oeste de La Pampa. El rango más bajo, definido como “riesgo muy reducido”, abarca Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y gran parte de Formosa, Chaco y Santa Fe.
Giuliano detalló al medio que los sismos argentinos se originan en fallas geológicas situadas en la Placa Sudamericana, que cubre el continente y se prolonga hasta la Dorsal Mesoatlántica. La región cordillerana limítrofe con Chile presenta una fuerte fracturación y concentra la mayor parte de la actividad sísmica intensa, sobre todo en el centro-oeste, mientras que hacia el este esa actividad disminuye de forma progresiva.
De acuerdo con el INPRES, una falla es una fractura o un sistema de fracturas en la corteza terrestre donde bloques de roca se desplazaron entre sí. Ese movimiento puede ser vertical u horizontal, y cuando la tensión acumulada supera cierto umbral, la liberación repentina de energía produce un terremoto de gran magnitud.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, un sismo ocurre cuando dos grandes bloques de la corteza terrestre se deslizan bruscamente uno junto al otro a lo largo de una falla. El punto de origen bajo la superficie se denomina hipocentro y el ubicado en la superficie, justo encima, epicentro.
Los antecedentes históricos muestran el peso del centro-oeste en los terremotos destructivos
Los documentos técnicos del INPRES indican que los sismos más graves del país afectaron sobre todo al centro-oeste argentino. Entre los antecedentes figura el terremoto de Mendoza de 1861, que destruyó la ciudad y causó miles de víctimas.
El otro caso citado por el organismo es el terremoto de San Juan de 1944, considerado la mayor tragedia sísmica de la historia nacional por la cantidad de fallecidos: alrededor de 10.000. El instituto detectó varios tipos de fallas en Argentina y considera que algunas siguen activas, en especial en territorio sanjuanino.
Esos datos sobre fuerza máxima, profundidad e influencia de las fallas se usan para definir cómo deben construirse los edificios y qué medidas de seguridad corresponden en las áreas de mayor amenaza. La normativa sismorresistente y la intervención estatal sobre edificaciones públicas y privadas forman parte de esa estrategia de reducción del daño.
El reciente “doblete sísmico” de Venezuela agregó otra preocupación. El fenómeno consistió en dos terremotos de magnitudes comparables separados por apenas 39 segundos, una secuencia que llevó a preguntar si un episodio semejante podría repetirse en Argentina.
En diálogo con Infobae, el geólogo Andrés Folguera, profesor de la Universidad de Buenos Aires e investigador del CONICET, explicó que estos casos ocurren cuando un primer sismo altera las tensiones de la región y activa una falla vecina. La diferencia con una réplica, dijo, es que en un doblete hay dos eventos principales de magnitud similar, cada uno con capacidad propia de producir daños.
Giuliano recordó que en Argentina ya hubo al menos un antecedente de este tipo durante el terremoto de San Juan de 1977, cuando se registraron dos movimientos separados por unos 30 segundos. El caso muestra que el fenómeno es posible dentro del marco geológico local.
La historia sísmica del país confirma que los terremotos destructivos se concentran en el noroeste y el centro-oeste, donde la interacción entre la Placa de Nazca y la Placa Sudamericana genera esfuerzos tectónicos capaces de activar fallas profundas y superficiales. El INPRES sostiene que no es posible pronosticar con exactitud un terremoto, pero que el conocimiento de las zonas sísmicas y la actualización permanente de los mapas permiten mejorar la prevención, la preparación ante emergencias y la educación pública sobre medidas de autoprotección.