Una revisión publicada en Science reúne hallazgos sobre hormonas, defensas, neuronas y herencia para cuestionar antiguas atribuciones psicológicas, mientras abre interrogantes clínicos acerca del origen de molestias persistentes en pacientes femeninas
La endometriosis, la fibromialgia, el síndrome del intestino irritable y las migrañas afectan con mayor frecuencia a las mujeres por una combinación de factores hormonales, inmunitarios, neuronales, genéticos e intestinales que modifican la detección y el procesamiento del dolor. Una revisión elaborada por investigadoras de la Universidad de California en San Francisco y publicada en Science cuestiona la idea de que esa diferencia responda a una menor tolerancia o a causas psicológicas.
Las autoras sostienen que existen mecanismos físicos que alteran la forma en que el organismo recibe e interpreta las señales dolorosas. “Las mujeres están esperando respuestas concretas que ayuden a eliminar el enfoque habitual de que ‘todo está en su cabeza’”, señalaron.
Hormonas y sistema nervioso ante una mayor sensibilidad
Los cambios hormonales que comienzan en la pubertad ocupan un lugar central en esta diferencia. Los estrógenos y la progesterona intervienen en el ciclo menstrual, pero también actúan sobre el sistema nervioso, el intestino y las defensas del organismo.
Los estrógenos pueden reducir el umbral del dolor, por lo que determinados estímulos físicos se perciben con mayor intensidad. También influyen sobre la médula espinal y el cerebro, estructuras que reciben e interpretan esas señales.
La revisión analiza la sensibilización central, un proceso por el cual el sistema nervioso incrementa su reacción frente a estímulos dolorosos. El organismo puede responder con dolor intenso ante sensaciones que antes habrían provocado una molestia menor.
Este mecanismo se estudia en trastornos como la fibromialgia, las cefaleas y algunos dolores pélvicos o intestinales. No explica todos los casos, pero permite comprender por qué ciertas molestias persisten durante meses o años.
El catedrático de Farmacología de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Carlos Goicoechea García, afirmó que hay “diferencias importantes en la respuesta del dolor entre mujeres y hombres, tanto en la parte sensorial como en la emocional”.
La respuesta inmunitaria y el papel del intestino
El dolor no depende únicamente de los nervios. Ante una lesión o inflamación, el sistema inmunitario activa células que liberan sustancias capaces de aumentar o reducir la percepción dolorosa.
Mujeres y hombres pueden desplegar respuestas inmunitarias diferentes ante un mismo estímulo, según la revisión. Esa variación afecta la comunicación entre las defensas y las neuronas, conocida como interacción neuroinmune.
Cuando ese vínculo se altera, el dolor puede mantenerse incluso después de que haya mejorado la lesión inicial. La persistencia de la señal no responde, por lo tanto, a un único circuito del organismo.
La microbiota intestinal, formada por bacterias y otros microorganismos del aparato digestivo, también participa en funciones vinculadas con la digestión y las defensas. Los estrógenos pueden modificar su composición y las sustancias que produce, algunas asociadas con inflamación y mayor sensibilidad en los órganos internos.
Esa relación puede intervenir en el síndrome del intestino irritable, que causa dolor abdominal recurrente, hinchazón y cambios en el tránsito intestinal. En estos cuadros confluyen el intestino, el sistema nervioso, las hormonas y el sistema inmunitario.
Holly A. Ingraham, una de las autoras de la investigación, explicó que la ciencia ya dejó atrás la hipótesis de que las hormonas sexuales expliquen por sí solas la diferencia. Los componentes hormonales, inmunitarios, neuronales y genéticos se combinan de manera distinta en cada paciente.
Tratamientos adaptados a causas diferentes
Durante años, numerosos estudios utilizaron al cuerpo masculino como referencia y no analizaron por separado los resultados obtenidos en mujeres y hombres. Esa limitación dificultó determinar si los tratamientos actúan de modo diferente según el sexo.
Goicoechea advirtió que “aún no se ha dado, de forma consistente, el salto a la terapéutica”. Aunque los ensayos clínicos incluyen participantes de ambos sexos, con frecuencia no evalúan si un mismo medicamento produce resultados distintos.
La revisión plantea que los futuros tratamientos contra el dolor crónico deberían considerar el estado hormonal, el funcionamiento inmunitario y los circuitos nerviosos para evitar respuestas genéricas ante problemas con causas diferentes.