Por qué la calidad del descanso puede anticipar una peor percepción sanitaria en estudiantes de primer año

Los cuestionarios recogidos durante tres momentos separados mostraron un cambio gradual; la autora principal señala una vía vinculada con plataformas digitales, cuya importancia emerge seis meses más tarde respecto al bienestar individual


Los universitarios que dedican más tiempo a las redes sociales tienden a dormir peor, y esa menor calidad de sueño anticipa una percepción más negativa de su propia salud seis meses después. La relación fue identificada por investigadores de la Universidad George Mason en un estudio publicado en Public Health Reports.

La investigación siguió a 349 estudiantes de primer año, de entre 18 y 24 años, durante el ciclo lectivo 2019-2020. Las encuestas se realizaron en agosto de 2019, febrero de 2020 y agosto de 2020, lo que permitió observar la evolución de los hábitos digitales, el descanso y la valoración personal del estado de salud.

Un mayor uso de redes sociales al comienzo del año académico predijo una peor calidad del sueño seis meses más tarde. A su vez, el deterioro del descanso anticipó una peor autoevaluación de la salud otros seis meses después.

Akosua Mainoo, estudiante del Departamento de Salud Global y Comunitaria de la Universidad George Mason y autora principal del trabajo, sostuvo que el vínculo excede el tiempo frente al teléfono. “Estos resultados sugieren que los hábitos tempranos en redes sociales de los estudiantes pueden tener efectos más allá del tiempo invertido en el teléfono”, afirmó en un comunicado de la universidad recogido por Phys.org.

“El sueño parece ser una de las vías por las que esos hábitos influyen en cómo los estudiantes perciben su salud meses después”, agregó Mainoo. El trabajo plantea así que la calidad del descanso puede funcionar como un puente entre el uso de plataformas digitales y la percepción individual del bienestar.

El uso nocturno sin asociación con peor descanso

El estudio no halló que utilizar redes sociales específicamente durante la noche se relacionara con una peor calidad del sueño. El resultado contrastó con la expectativa inicial de los investigadores y con la preocupación habitual por el uso de pantallas antes de acostarse.

Los autores indicaron que los estudios anteriores sobre esa conducta ofrecen conclusiones contradictorias. El efecto podría depender de otros factores, como la exposición a la luz de las pantallas y su influencia sobre los niveles de melatonina.

El seguimiento formó parte de “Mason: Health Starts Here”, el mayor proyecto longitudinal de la universidad, que acompaña a estudiantes durante sus cuatro años de grado. El investigador principal es Lawrence Cheskin, profesor distinguido del Departamento de Nutrición y Estudios Alimentarios.

Los jóvenes adultos destinan, en promedio, cerca de cinco horas diarias a las redes sociales. Más del 85% de los participantes utilizaba YouTube, Instagram y Snapchat todos los días.

Las recomendaciones para adultos jóvenes señalan que deberían dormir entre siete y nueve horas por noche. Sin embargo, investigaciones previas habían establecido que un tercio de los universitarios duerme menos de siete horas, una privación asociada a largo plazo con depresión, obesidad, enfermedades cardíacas y diabetes.

Los investigadores no propusieron eliminar las redes sociales de la vida estudiantil. “Las redes sociales son parte de la vida cotidiana de los universitarios, así que la expectativa no es eliminarlas”, dijo Mainoo. “Pero los jóvenes pueden ser más intencionales a la hora de establecer límites de tiempo y crear zonas libres de teléfono”.

Cheskin afirmó que “menos es más cuando se trata del uso de redes sociales por parte de los jóvenes universitarios” y señaló que reducir ese uso deja más espacio para las interacciones directas con pares y otras personas.

Los autores reconocieron limitaciones, entre ellas que los datos fueron aportados por los propios participantes y que la cantidad de estudiantes se redujo a lo largo del seguimiento.

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