Qué ocurre en el cerebro durante el déjà vu y por qué una experiencia nueva parece conocida

Especialistas describen una breve desconexión entre los circuitos encargados del almacenamiento informativo y aquellos que verifican su origen, un mecanismo capaz de provocar una certeza inquietante sin referencia autobiográfica identificable


El déjà vu es una sensación repentina de familiaridad ante una escena, una conversación o un lugar que se atraviesa por primera vez. Aunque suele durar apenas unos instantes, el fenómeno plantea interrogantes sobre la memoria porque combina la impresión de reconocer algo con la certeza de que no existe un recuerdo previo capaz de explicarlo.

La experiencia aparece al menos una vez a lo largo de la vida en una amplia mayoría de las personas y, por lo general, se desvanece sin dejar una referencia concreta del pasado. Puede surgir durante una conversación, al entrar en una casa desconocida o mientras se espera en un sitio habitual, según Cleveland Clinic.

El término procede del francés y significa “ya visto”. Durante el episodio, algunas personas sienten que conocen los gestos, las palabras, la disposición espacial o incluso lo que ocurrirá a continuación, pese a que identifican la situación como nueva.

La familiaridad sin un recuerdo identificable

El neurólogo Jean Khoury, de Cleveland Clinic, definió el fenómeno como una falsa sensación de familiaridad. El cerebro genera la impresión de haber vivido una situación, pero no consigue recuperar una memoria específica ni determinar qué experiencia anterior justificaría ese reconocimiento.

Las explicaciones científicas no establecen una causa única. Akira O’Connor, profesor titular de Psicología y Neurociencia de la Universidad de St Andrews, relacionó el déjà vu con la organización de los sistemas cerebrales que forman recuerdos y evalúan la información, de acuerdo con BBC.

Una alteración transitoria en las zonas asociadas con la familiaridad puede activar la sensación de reconocimiento. La corteza frontal, a su vez, revisa la información y detecta que la escena no pudo haber ocurrido antes, por lo que señala la incongruencia entre ambas percepciones.

Khoury indicó que intervienen conexiones entre regiones vinculadas con la recuperación de recuerdos y la percepción de familiaridad. Entre ellas están el lóbulo temporal, asociado a la memoria, y el hipocampo, que participa en la incorporación de información nueva.

Cuando esos procesos no se coordinan de la forma habitual, puede aparecer una señal de reconocimiento sin contexto. La persona percibe algo conocido, pero no dispone de un episodio autobiográfico al cual vincular esa impresión.

La Universidad de Navarra incluye el déjà vu entre las paramnesias del reconocimiento, alteraciones cualitativas de la memoria que distorsionan de forma temporal o contextual la percepción de una experiencia. En estos casos, algo nuevo parece conocido sin que exista una memoria concreta que respalde esa sensación.

El episodio rara vez supera los 10 o 15 segundos y, en la mayoría de los casos, no tiene significado patológico. Su brevedad explica por qué la impresión puede resultar intensa, pero desaparecer antes de que la persona logre reconstruir una secuencia precisa de recuerdos.

Las escenas parecidas y la sensación de anticipación

Una hipótesis vincula el fenómeno con semejanzas parciales entre lo que ocurre en el presente y un recuerdo que permanece fuera de la conciencia. Una configuración espacial puede activar familiaridad aunque la persona no consiga identificar el lugar, el momento o la situación previa con la que guarda relación.

La psicóloga cognitiva Anne Cleary, de la Universidad Estatal de Colorado, estudió este mecanismo mediante escenarios virtuales con estructuras espaciales semejantes, pero temas diferentes. Los participantes informaron episodios de déjà vu con mayor frecuencia frente a las escenas que compartían su disposición con otras observadas antes.

El resultado respalda la idea de que el cerebro puede detectar una similitud sin recuperar el recuerdo completo que la originó. La familiaridad no provendría necesariamente de haber vivido la misma situación, sino de reconocer de manera parcial su estructura.

El déjà vu también puede acompañarse de una impresión de premonición. Algunas personas creen saber qué sucederá después, pero los experimentos de Cleary y su equipo mostraron que esa seguridad subjetiva no aumenta la capacidad de acertar una respuesta ni de prever un desenlace.

Cerca de la mitad de los participantes experimentó una fuerte sensación de anticipación cuando los investigadores indujeron el fenómeno, según la Universidad Estatal de Colorado. Pese a esa confianza, sus respuestas correctas no superaron el nivel esperable por azar.

La experiencia puede comenzar alrededor de los cinco años, alcanzar un máximo durante los veintitantos y reducirse gradualmente en la mediana edad, informó BBC a partir de las explicaciones de O’Connor. La Universidad de Navarra también señaló una presencia mayor entre los 15 y los 25 años, aunque advirtió que varias asociaciones proceden de encuestas de autoinforme con limitaciones metodológicas.

Cuándo conviene consultar por episodios repetidos

La fatiga, la falta de sueño, el estrés y la ansiedad pueden favorecer la aparición de estos episodios. Cleveland Clinic también indicó que algunas personas con migrañas pueden experimentarlos durante el aura o el episodio migrañoso, cuando el dolor y la desorientación afectan el procesamiento de información y la recuperación de recuerdos.

Un episodio aislado, breve y ocasional no suele ser motivo de alarma, explicó Khoury. La consulta con un profesional de la salud resulta aconsejable si la sensación se vuelve frecuente, se prolonga más de unos segundos o genera preocupación.

La evaluación adquiere mayor relevancia cuando el déjà vu aparece junto con confusión, dolor de cabeza, pérdida de conciencia, debilidad, convulsiones o sacudidas. Estos signos pueden requerir una valoración neurológica para establecer si existe otra causa asociada.

Algunas crisis focales limitadas al lóbulo temporal pueden manifestarse como una sensación de déjà vu sin los movimientos motores que suelen relacionarse de forma popular con una convulsión. Esa asociación no significa que cada episodio corresponda a una crisis epiléptica, pero explica por qué la repetición inusual o la presencia de otros síntomas neurológicos justifican una consulta médica.

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