Los valores extremos requieren acudir de urgencia, sobre todo si aparecen dolor torácico, falta de aire, debilidad de un lado, problemas para hablar, alteraciones visuales o cefalea intensa
Cada 14 de septiembre, Argentina conmemora el Día del Hipertenso, una fecha asociada a la lectura de 140/90 mmHg, desde la cual puede existir hipertensión arterial y se recomienda una evaluación médica. El primer valor mide la presión cuando el corazón bombea sangre y el segundo, la presión entre latidos, según la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA).
La hipertensión afecta a más de un tercio de la población adulta del país. El perfil elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2023 indicó que el 58% de las personas diagnosticadas conocía su condición, el 41% recibía tratamiento y solo el 15% mantenía la presión bajo control.
Las cifras superiores a 180/120 mmHg requieren atención médica inmediata, especialmente si aparecen dolor de pecho, falta de aire, debilidad en un lado del cuerpo, dificultades para hablar, alteraciones visuales o dolor de cabeza intenso. La enfermedad suele avanzar sin síntomas, por lo que conocer los propios valores permite detectar cambios antes de una complicación.
Tratamiento y alimentación con menos sodio
Los cambios de hábitos pueden complementar el tratamiento, pero no sustituyen los medicamentos cuando fueron indicados por un médico. Los fármacos para la hipertensión pueden relajar los vasos sanguíneos, eliminar el exceso de líquido o reducir la resistencia de las arterias, y a veces se combinan para mejorar el control.
Mareos o dolor de cabeza no deberían llevar a cambiar una dosis ni a suspender los comprimidos sin consultar al equipo de salud. El diario británico The Telegraph advirtió que los riesgos de una hipertensión sin tratar son mayores que esas molestias, que en muchos casos pueden resolverse con un ajuste terapéutico.
El exceso de sal favorece la retención de líquidos, aumenta el volumen de sangre que circula por los vasos y puede elevar la presión arterial. Buena parte del sodio no proviene del salero: está presente en ultraprocesados, panificados, embutidos, sopas instantáneas, salsas, snacks, conservas y comidas preparadas, según Infobae.
Revisar los rótulos y comparar productos similares ayuda a reducir la ingesta. Las legumbres, verduras y pescados enlatados al natural son alternativas a los conservados en salmuera, mientras que el limón, el ajo, las especias y las hierbas permiten dar sabor sin agregar sodio.
El potasio contribuye a eliminar sodio y participa en el funcionamiento de los vasos sanguíneos. Banana, tomate, palta, batata, verduras de hoja verde, hongos, legumbres, semillas y frutos secos sin sal son fuentes naturales de este mineral.
Una dieta con poco sodio y rica en potasio puede reducir el riesgo de presión elevada, indicó Infobae. Sin embargo, las personas con enfermedad renal o que usan determinados antihipertensivos deben consultar antes de aumentar de forma marcada su consumo de potasio o utilizar suplementos.
El patrón general de alimentación también influye sobre la presión. El plan DASH, un esquema alimentario para el control de la hipertensión, y la dieta mediterránea priorizan verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado, lácteos bajos en grasa y aceites vegetales.
Estos modelos aportan fibra, potasio y magnesio, y limitan grasas saturadas, azúcares agregados y sodio de productos industriales. La fibra se asocia además con una mejor salud metabólica y con el control del peso, dos factores vinculados con la hipertensión arterial.
Actividad física, peso y consumo de alcohol
La actividad física regular fortalece el corazón y permite que bombee sangre con menos esfuerzo. La Asociación Americana del Corazón (AHA) recomienda acumular 150 minutos semanales de ejercicio moderado, mediante caminatas rápidas, bicicleta, natación, baile u otras actividades similares.
El trabajo de fuerza también puede incorporarse a la rutina. Un análisis de ensayos clínicos citado por The Telegraph halló beneficios con ejercicio aeróbico, pesas y ejercicios isométricos, como planchas o sentadillas contra la pared.
Las personas con presión muy elevada o enfermedades previas deberían pedir orientación antes de comenzar una actividad nueva. La intensidad y el tipo de ejercicio deben adaptarse a cada situación de salud.
El exceso de peso obliga al corazón a trabajar más para impulsar sangre hacia todo el cuerpo. La acumulación de grasa abdominal también se asocia con una mayor probabilidad de desarrollar presión alta.
Una pérdida de entre 5% y 10% del peso corporal puede aportar mejoras en personas con sobrepeso u obesidad. El objetivo debe ser gradual, con una alimentación suficiente y una actividad física que pueda mantenerse, sin recurrir a dietas extremas.
El consumo frecuente o elevado de alcohol puede aumentar la presión, favorecer el aumento de peso e interferir con algunos tratamientos. La suba de los valores se relaciona con la cantidad ingerida, por lo que reducir la frecuencia, moderar las porciones y establecer días sin bebidas alcohólicas pueden formar parte del cuidado cardiovascular.
La recomendación sobre alcohol debe evaluarse con el profesional tratante ante un diagnóstico de hipertensión. Cada caso puede requerir indicaciones diferentes según los medicamentos y otras condiciones de salud.
Tabaco, descanso y medición en el hogar
La nicotina activa el sistema nervioso simpático, eleva de manera temporal la frecuencia cardíaca y la presión arterial. El tabaquismo deteriora las arterias y aumenta la probabilidad de infarto y accidente cerebrovascular, mientras que los cigarrillos electrónicos también pueden alterar la presión y el ritmo cardíaco, informó Europa Press.
Dejar de fumar y evitar el vapeo reduce la carga cardiovascular más allá de los valores registrados por el tensiómetro. El riesgo no se limita a los efectos inmediatos de la nicotina sobre el organismo.
Durante el sueño, la presión arterial suele disminuir. Dormir menos de cinco horas, tener interrupciones frecuentes o padecer apnea obstructiva del sueño puede alterar ese descenso nocturno y mantener cifras más altas durante el día.
Mantener horarios regulares, limitar las pantallas antes de acostarse, realizar actividad física y dormir en un ambiente oscuro forman parte de la higiene del sueño. Ronquidos intensos, pausas al respirar o somnolencia persistente durante el día justifican una consulta médica, ya que la apnea es frecuente entre quienes tienen hipertensión.
Un tensiómetro domiciliario validado, con un brazalete de tamaño adecuado, puede complementar los controles profesionales. Para obtener una medición confiable, se recomienda permanecer sentado y en reposo, no hablar durante la toma y realizar dos o tres registros separados por uno o dos minutos.
Anotar la fecha, el horario y los resultados permite observar tendencias y aporta información útil para la consulta médica. El seguimiento periódico es una herramienta para detectar variaciones en una enfermedad que puede permanecer silenciosa durante años.