Cómo llegan al organismo y qué efectos podrían tener sobre la salud
Los microplásticos dejaron de ser solamente un problema relacionado con los océanos y los ecosistemas. Durante los últimos años, diferentes investigaciones comenzaron a detectar estas partículas microscópicas en distintos tejidos del cuerpo humano, lo que abrió una nueva línea de investigación sobre la exposición cotidiana al plástico y sus posibles consecuencias para la salud.
En abril de 2026, un estudio publicado en Nature Health analizó muestras de tejido cerebral humano y encontró microplásticos y nanoplásticos tanto en muestras asociadas a tumores cerebrales como en tejido cerebral considerado sano. Los investigadores analizaron 156 muestras de pacientes con tumores y 35 muestras de tejido cerebral sano procedentes de cinco donantes fallecidos.

El hallazgo no significa que los científicos hayan demostrado que los microplásticos causen enfermedades neurológicas. Sin embargo, aporta nueva evidencia sobre la capacidad de estas partículas para llegar a tejidos del organismo que durante mucho tiempo se consideraron especialmente protegidos.
¿Qué son los microplásticos?
Los microplásticos son pequeñas partículas de plástico, generalmente de menos de 5 milímetros, mientras que los nanoplásticos son todavía más pequeños y pueden medir menos de un micrómetro.

Pueden generarse cuando objetos y materiales plásticos se deterioran con el tiempo, aunque también existen partículas que son producidas directamente para determinados productos o procesos industriales.
Estas partículas pueden encontrarse en el agua, el suelo, el aire y los alimentos. Por eso, la exposición humana puede producirse a través de diferentes vías.
La preocupación científica no está relacionada únicamente con la cantidad de plástico que una persona utiliza, sino también con qué ocurre con las partículas microscópicas una vez que ingresan al organismo.
Los microplásticos también aparecen en tejidos humanos
Las investigaciones de los últimos años detectaron partículas plásticas en diferentes partes del cuerpo.

Un estudio publicado en julio de 2026 en npj Emerging Contaminants analizó muestras emparejadas de sangre, huesos y discos intervertebrales. Los investigadores detectaron microplásticos en todas las muestras de sangre y discos intervertebrales analizadas, mientras que aparecieron en 20 de las 21 muestras de tejido óseo.
Estos resultados no permiten determinar por sí solos que las partículas provoquen una enfermedad. Pero muestran que la exposición a microplásticos puede ser mucho más amplia de lo que se pensaba inicialmente.
La investigación actual intenta determinar cuánto tiempo permanecen estas partículas en el organismo, dónde se acumulan y si provocan efectos biológicos relevantes.
¿Cómo pueden llegar al cerebro?
Una de las preguntas más importantes es cómo partículas tan pequeñas pueden alcanzar tejidos protegidos por barreras biológicas.

El cerebro cuenta con la llamada barrera hematoencefálica, un sistema que regula el paso de diferentes sustancias desde la sangre hacia el tejido cerebral.
El estudio publicado en Nature Health encontró microplásticos y nanoplásticos tanto en muestras cerebrales sanas como en tejidos asociados a tumores. La concentración fue mayor en el tejido situado alrededor de los tumores, un resultado que los investigadores relacionaron con posibles alteraciones de la barrera hematoencefálica en esas zonas.
Los autores plantean que estos resultados requieren más investigación para determinar cómo llegan las partículas al cerebro y qué ocurre después de su acumulación.
El hallazgo no significa que el plástico cause tumores
Uno de los puntos más importantes del estudio es diferenciar presencia de partículas y causalidad.
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Encontrar microplásticos en un tejido no demuestra que esas partículas hayan provocado una enfermedad. En el caso de los tumores cerebrales, los investigadores observaron una mayor concentración alrededor de determinadas lesiones, pero el trabajo no establece que los microplásticos sean responsables de la aparición o progresión de esos tumores.
Los propios investigadores señalaron la necesidad de continuar estudiando posibles vínculos entre la presencia de estas partículas y las enfermedades humanas.
La ciencia todavía intenta responder una pregunta fundamental: ¿la presencia de microplásticos en el organismo representa un riesgo significativo para la salud o se trata principalmente de una exposición ambiental que el cuerpo puede manejar?
También se encontraron microplásticos en la sangre
La sangre es otro de los lugares donde se han detectado estas partículas.

La investigación publicada en julio de 2026 encontró microplásticos en las 21 muestras de sangre analizadas. También detectó partículas en tejidos óseos y discos intervertebrales, aunque las cantidades variaron considerablemente entre individuos.
Los investigadores señalaron que estas diferencias podrían estar relacionadas con los distintos niveles de exposición y con características individuales.
El hallazgo resulta relevante porque la circulación sanguínea constituye una posible vía mediante la cual las partículas podrían desplazarse por diferentes partes del organismo.
¿De dónde vienen los microplásticos?
La exposición puede producirse de múltiples maneras.
Los microplásticos están presentes en diferentes ambientes y pueden incorporarse a la cadena alimentaria. También pueden encontrarse en el agua y en el aire, mientras que determinados productos y materiales pueden liberar pequeñas partículas durante su utilización o deterioro.
Los científicos estudian actualmente cuáles son las principales vías de exposición para los seres humanos y qué cantidades llegan efectivamente al organismo.
No todas las partículas tienen las mismas características: su composición, tamaño, forma y superficie pueden modificar la manera en que interactúan con los tejidos.
El problema también preocupa por sus efectos ambientales
Antes de convertirse en una cuestión de salud humana, los microplásticos ya eran estudiados como un importante contaminante ambiental.
Estas partículas han sido encontradas en océanos, ríos, lagos, sedimentos, suelos y atmósfera, además de diferentes organismos acuáticos.
Esto significa que el problema no se limita a los residuos plásticos visibles.
Una botella, una bolsa o un envase pueden desaparecer de nuestra vista con el paso del tiempo, pero el material no necesariamente desaparece. Puede fragmentarse en partículas cada vez más pequeñas y permanecer durante períodos prolongados en el ambiente.
La ciencia todavía tiene más preguntas que respuestas
La detección de microplásticos en tejidos humanos representa un avance importante para comprender la exposición a estos contaminantes, pero también plantea nuevos interrogantes.
Los científicos todavía necesitan determinar cuáles son las cantidades relevantes desde el punto de vista biológico, cuánto tiempo permanecen las partículas en determinados tejidos y si su presencia genera efectos capaces de afectar la salud.
Además, los métodos utilizados para detectar y medir microplásticos continúan evolucionando. La estandarización de estas técnicas es fundamental para poder comparar correctamente los resultados de diferentes investigaciones.
¿Se puede evitar completamente la exposición?
Actualmente resulta prácticamente imposible eliminar por completo el contacto con microplásticos porque estas partículas están ampliamente distribuidas en el ambiente.
Sin embargo, reducir el uso innecesario de plásticos, reutilizar determinados materiales de manera adecuada y disminuir la generación de residuos puede contribuir a reducir la contaminación ambiental.
Para la ciencia, el desafío principal no consiste solamente en encontrar microplásticos en más lugares, sino en comprender qué significa realmente su presencia dentro del cuerpo humano.
Los descubrimientos de 2026 muestran que la investigación recién está comenzando a revelar la dimensión del problema. Las partículas que durante décadas fueron consideradas principalmente un residuo ambiental ahora son estudiadas también desde la medicina, la toxicología y la biología.
Y aunque todavía no existe una respuesta definitiva sobre sus efectos a largo plazo, una cosa ya está clara: los microplásticos son mucho más pequeños que los residuos que podemos ver, pero su presencia en el ambiente y en el organismo merece cada vez más atención científica.