Cómo logró un ensayo de América Latina reducir la quimioterapia en niños con linfoma de Hodgkin clásico sin bajar la curación

Un protocolo pediátrico probó una vía menos agresiva y dejó abierta una señal sobre el futuro del abordaje regional


En niños y adolescentes con linfoma de Hodgkin clásico, un ensayo de América Latina mostró que la radioterapia puede omitirse en la mayoría de los casos sin reducir las posibilidades de curación, una decisión que busca evitar secuelas que pueden aparecer décadas después, como nuevos tumores, problemas cardíacos o infertilidad.

El estudio LH-GALOP 2017 incluyó a 109 pacientes de entre dos y 18 años reclutados entre octubre de 2017 y noviembre de 2024. Con casi cinco años de seguimiento, la supervivencia global a cinco años fue del 100% y la supervivencia libre de eventos llegó al 88,5%.

Los resultados se publicaron en la revista Leukemia & Lymphoma y surgieron del trabajo de equipos del Hospital Garrahan y el Hospital Pediátrico Alexander Fleming, en Argentina; el Hospital Pereira Rossell-Fundación Pérez Scremini, en Uruguay; y el Hospital de Niños Dr. Luis Calvo Mackenna, en Chile, dentro del Grupo de América Latina de Oncología Pediátrica.

El linfoma de Hodgkin clásico es un cáncer del sistema linfático, la red de tejidos y órganos que ayuda a defender al cuerpo de las infecciones. Con los tratamientos actuales, las posibilidades de curación en la población pediátrica superan el 95%, aunque en muchos centros del mundo todavía se usa radioterapia.

El protocolo reservó la radiación para quienes no eliminaban la enfermedad con quimioterapia

La estrategia del ensayo consistió en ajustar la intensidad del tratamiento según el riesgo inicial y la respuesta de cada paciente. La radioterapia quedó reservada solo para quienes no lograban eliminar la enfermedad con medicamentos.

Para ordenar esa decisión, los investigadores dividieron a los pacientes en tres grupos: bajo, intermedio y alto riesgo, según el estadio al momento del diagnóstico. El 51% pertenecía al grupo de alto riesgo y el 46% presentaba síntomas B: fiebre, sudoración nocturna y pérdida de peso sin causa aparente.

El tratamiento combinó dos esquemas de quimioterapia ya conocidos: ABVD, formado por doxorrubicina, bleomicina, vinblastina y dacarbazina, y ESHAP, integrado por etopósido, metilprednisolona, citarabina y cisplatino. La novedad no estuvo en los fármacos, sino en su uso combinado como primera línea en enfermedad avanzada, algo que, según el trabajo, no había sido reportado antes.

A mitad del tratamiento, los médicos evaluaban la respuesta con PET-CT, una tomografía que detecta actividad de células cancerosas en el cuerpo. Quienes respondían bien recibían menos ciclos de quimioterapia; quienes respondían más lentamente, más ciclos o combinaciones más intensas.

Ese enfoque buscó una remisión completa y duradera con menos riesgo de efectos tardíos. Al final del tratamiento, la respuesta volvió a medirse con PET-CT y con la escala de Deauville, que puntúa de uno a cinco la actividad tumoral persistente.

Pedro Zubizarreta, médico pediatra especialista en hematología y oncología infantil y coautor del trabajo, dijo a Infobae que “el linfoma de Hodgkin tradicionalmente se trató con radioterapia, una terapéutica que fue muy efectiva en los comienzos”.

El médico agregó al medio: “En los adultos, la trascendencia de la radioterapia es menor porque el Hodgkin se da en edad avanzada y los efectos tardíos o no se ven o no tienen mayor relevancia. Pero en la infancia se pueden producir efectos secundarios a largo plazo”.

Solo el 19,3% recibió radioterapia y el 86,2% logró remisión completa con quimioterapia

El dato central del ensayo fue que el 86,2% de los pacientes alcanzó remisión completa, es decir, desaparición de la enfermedad detectable, solo con quimioterapia. Entre los pacientes de alto riesgo, esa tasa fue del 89,3%, frente al 64% obtenido por ese mismo grupo en un estudio previo con solo ABVD.

En total, apenas el 19,3% recibió radioterapia. Ese grupo incluyó a quienes no respondieron por completo a la quimioterapia, a los pacientes con recaídas y a los casos de enfermedad refractaria, que no responde al tratamiento inicial.

Seis pacientes recayeron, el 5,8%, tras una mediana de 23 meses desde la remisión. Cinco de ellos pertenecían al grupo de alto riesgo y todos recibieron tratamientos de segunda línea; al momento del análisis seguían libres de enfermedad.

Hubo además cinco casos refractarios, equivalentes al 4,6%. Tres alcanzaron remisión completa con otras terapias y dos seguían vivos con enfermedad activa bajo inhibidores de puntos de control inmunológico, fármacos que activan al sistema inmune para atacar el tumor.

Los autores escribieron en el estudio que “nuestros resultados aportan más evidencia de que la radioterapia en buenos respondedores a la quimioterapia de primera línea puede omitirse de forma segura”. También señalaron que, en enfermedades altamente curables y en etapas tempranas de la vida, la calidad de vida futura se volvió una necesidad más urgente que la propia cura.

Zubizarreta resumió ese resultado en declaraciones a Infobae: “Logramos un efecto de remisión completa con la quimioterapia y sin aplicar radioterapia. Las drogas no son nuevas, pero sí es novedosa la combinación en primera línea. Eso es más novedoso en pediatría e implica que no habría problemas a largo plazo”.

El seguimiento todavía es corto para medir daños que pueden tardar más de una década

La principal limitación del trabajo es el tiempo de observación. Los daños tardíos que intenta evitar esta estrategia, como nuevos tumores, problemas cardíacos o alteraciones hormonales, pueden tardar más de 10 años en aparecer, y la mediana de seguimiento fue de 58 meses.

El estudio planteó además que el protocolo podría ser útil fuera de la región porque se apoya en quimioterapia convencional de bajo costo, imágenes accesibles y uso restringido de radioterapia. Los investigadores añadieron que la llegada de nuevos fármacos, como los inhibidores de puntos de control inmunológico y el brentuximab vedotín, abre la posibilidad de reducir todavía más la radiación en el futuro.

Los resultados también fueron valorados por especialistas ajenos al trabajo. David Verón, médico hematólogo del Hospital Austral y coordinador de la Comisión de Linfoma de Hodgkin Pediátrico del Grupo Colaborativo Argentino, dijo a Infobae que “el linfoma de Hodgkin en niños logra hoy tasas de curación muy altas. Una vez que eso está resuelto, el desafío es reducir el daño que ese tratamiento puede dejar en el cuerpo con el paso de los años”.

Verón agregó que “la radioterapia sigue siendo una herramienta importante, pero en los últimos 20 años los tratamientos de primera línea han buscado evitarla sin que eso baje las chances de que el paciente quede libre de enfermedad”. También sostuvo que el nuevo trabajo “se suma, con una estrategia distinta, a experiencias de América del Norte y Europa que lograron curar a la mayoría de los pacientes sin radioterapia”.

Sobre la propuesta de GALOP, señaló que incorpora desde el inicio el esquema ESHAP, una combinación de cuatro medicamentos que hasta ahora se usaba sobre todo cuando la enfermedad reaparecía, y que consigue un beneficio importante en la mayoría de los casos. Advirtió, al mismo tiempo, que queda abierta una pregunta: si esa estrategia puede complicar el tratamiento de rescate en pacientes que no responden y necesitan un trasplante de médula ósea, o dificultar la recolección de células madre para ese procedimiento.

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