Un estudio internacional reveló qué factores influyen para llegar a una edad excepcional y por qué los genes explican solo una parte del fenómeno.
Cada vez más personas superan los 100 años y los científicos intentan responder una de las preguntas más fascinantes de la medicina: ¿qué hace que algunas personas vivan tanto tiempo y con buena salud?
Aunque durante décadas se creyó que la respuesta estaba principalmente en la genética, las investigaciones más recientes muestran que el estilo de vida, la alimentación y el entorno tienen un peso incluso mayor para alcanzar una longevidad excepcional.
Según diversos estudios publicados en revistas científicas como Nature Aging y The Lancet Healthy Longevity, apenas entre un 20% y un 30% de la expectativa de vida depende de los genes. El resto está relacionado con hábitos cotidianos y factores ambientales.

La alimentación, uno de los pilares
Los investigadores coinciden en que las personas más longevas suelen mantener una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos.

Además, consumen poca comida ultraprocesada, reducen el azúcar y priorizan grasas saludables, como el aceite de oliva y el pescado.
Este patrón alimentario se observa en las llamadas “Zonas Azules”, regiones del mundo donde se concentra un número inusualmente alto de centenarios, como Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia), Icaria (Grecia), Nicoya (Costa Rica) y Loma Linda (Estados Unidos).
El ejercicio no necesita ser intenso
Contrario a lo que muchos imaginan, los centenarios no suelen realizar entrenamientos extremos.
Los especialistas destacan que el secreto está en mantenerse físicamente activos durante toda la vida mediante caminatas, tareas domésticas, jardinería o actividades cotidianas que obligan al cuerpo a moverse varias horas al día.

La actividad física regular ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad y deterioro cognitivo.
Dormir bien también prolonga la vida
La calidad del sueño es otro de los factores que más llama la atención de los investigadores.
Dormir entre siete y nueve horas por noche favorece la reparación celular, fortalece el sistema inmunológico y reduce los niveles de inflamación crónica, uno de los procesos asociados al envejecimiento.
Los estudios muestran que tanto dormir muy poco como dormir en exceso puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y neurológicas.
Las relaciones sociales son tan importantes como la dieta
Uno de los hallazgos más consistentes es que las personas longevas mantienen vínculos familiares y sociales fuertes.

Compartir tiempo con amigos, participar en actividades comunitarias y conservar un propósito de vida parecen proteger la salud mental y disminuir el riesgo de depresión y demencia.
Diversas investigaciones incluso sostienen que el aislamiento social puede ser tan perjudicial para la salud como fumar varios cigarrillos al día.
El estrés acelera el envejecimiento
El estrés crónico favorece la producción constante de cortisol, una hormona que, cuando permanece elevada durante mucho tiempo, puede afectar el corazón, el cerebro y el sistema inmunológico.

Por ese motivo, muchos especialistas recomiendan incorporar prácticas de relajación como la meditación, el yoga o simplemente dedicar tiempo a actividades recreativas.
Los genes también influyen
Aunque el estilo de vida tiene un papel determinante, la genética sigue siendo importante.

Los científicos identificaron variantes genéticas que ayudan a controlar mejor la inflamación, reparar el ADN y proteger las células frente al envejecimiento.
Sin embargo, incluso quienes poseen esos genes necesitan mantener hábitos saludables para aprovechar esa ventaja biológica.
¿Se puede aprender a vivir más?
Los expertos sostienen que no existe una fórmula mágica para alcanzar los 100 años.

No obstante, las evidencias actuales indican que adoptar una alimentación equilibrada, realizar actividad física diaria, dormir bien, controlar el estrés y fortalecer las relaciones sociales aumenta considerablemente las probabilidades de vivir más tiempo y con una mejor calidad de vida.
Mientras la ciencia continúa investigando los mecanismos del envejecimiento, un mensaje parece claro: la longevidad no depende únicamente de la suerte o de la herencia genética, sino también de las decisiones que se toman cada día.