La investigación siguió hogares de Múnich durante 2020 y otra muestra nacional por un año, y detectó un mecanismo emocional que aparece cuando las horas remotas se acumulan
El teletrabajo intensivo puede aumentar la soledad y las conversaciones sobre divorcio dentro de la pareja, según un estudio publicado en el Journal of Organizational Behavior, que encontró que trabajar muchas horas desde casa eleva el conflicto entre empleo y vida doméstica, sobre todo cuando los integrantes no coinciden en cómo separar ambos mundos o cuando los dos intentan imponer límites muy rígidos.
La investigación se apoyó en dos estudios longitudinales con parejas de doble ingreso en Alemania: uno siguió a 170 parejas en Múnich durante la primavera y el verano de 2020, con dos mediciones separadas por ocho semanas, y el otro analizó una base nacional de 1.561 parejas observadas a lo largo de un año. Según informó Phys.org, la expansión del trabajo remoto durante la pandemia continuó después por la flexibilidad que perciben empresas y empleados.
El punto central del análisis son las preferencias de segmentación, es decir, el deseo de proteger el hogar de las intrusiones laborales. El artículo académico indicó que, a medida que crecen las horas de trabajo remoto, esas preferencias pesan más en la convivencia.
Las parejas con mayor riesgo fueron de dos tipos: las que tienen preferencias distintas sobre los límites entre trabajo y vida personal y las que comparten una preferencia muy alta por mantener esa separación. En este último caso, el resultado fue contrario a lo esperable: cuanto más rígida era la intención de dividir ambas esferas, mayor era la fricción cuando el trabajo se instalaba en la casa.
El conflicto aparece cuando el hogar no admite la frontera que la pareja intenta imponer
De acuerdo con el Journal of Organizational Behavior, intentar sostener muros estrictos en un entorno que por naturaleza los difumina genera una tensión constante. El problema no surge solo de la cantidad de horas en casa, sino del desajuste entre esa modalidad y la forma en que cada pareja concibe sus fronteras cotidianas.
El estudio encontró además una diferencia entre hombres y mujeres. En el primer relevamiento, cuando los miembros de la pareja tenían preferencias distintas y uno de ellos trabajaba muchas horas desde casa, los hombres declararon más conflicto trabajo-hogar con independencia de cuál fuera su propia preferencia.
Si su pareja no compartía su postura sobre los límites laborales, el hombre tendía a sentir que el trabajo invadía la vida doméstica. En las mujeres, esa misma falta de coincidencia produjo el efecto inverso y redujo el conflicto, según la publicación.
La investigación no planteó que el teletrabajo provoque por sí mismo una ruptura efectiva. Lo que sí midió fue otra cosa: el aumento de pensamientos y conversaciones serias sobre separación o divorcio cuando la tensión diaria deriva en soledad dentro de la relación.
La soledad fue el puente entre el estrés laboral y las conversaciones de ruptura
El mecanismo identificado por los autores parte del conflicto entre trabajo y hogar. Ese desgaste consume tiempo y energía mental que la pareja necesita para sostener la intimidad, y esa pérdida abre paso al aislamiento afectivo incluso cuando ambos comparten el mismo espacio físico.
El comunicado citado por Phys.org resumió ese proceso con una idea concreta: cuando el estrés laboral agota los recursos emocionales de uno de los miembros, los dos pueden terminar sintiéndose solos. El segundo estudio confirmó que esa soledad compartida incrementa la probabilidad de conversaciones sobre separación o divorcio.
Los autores aclararon que midieron deliberaciones sobre una ruptura, no separaciones consumadas. El primer estudio no logró confirmar con significación estadística que el conflicto de un integrante aumentara la soledad del otro, pero el segundo sí detectó ese efecto cruzado, aunque con menor magnitud.
Esa segunda base también vinculó la soledad de cualquiera de los dos miembros con las deliberaciones sobre una posible ruptura. El resultado refuerza la idea de que el impacto del trabajo remoto excede al trabajador individual y alcanza a la dinámica emocional de la pareja.
Las parejas más tolerantes a la mezcla entre casa y trabajo se adaptaron mejor
El teletrabajo mostró mejores resultados en las parejas con mayor tolerancia a la superposición entre trabajo y vida doméstica. Según el comunicado, esas parejas adaptaban con más facilidad el espacio del hogar, no leían las interrupciones como una molestia y organizaban rutinas compartidas, como calendarios coordinados para pausas o llamadas.
El Journal of Organizational Behavior señaló que esos casos encajan mejor con un modelo de fronteras difusas, en el que la mezcla entre lo laboral y lo personal no se percibe como una amenaza. La diferencia no estuvo en eliminar la interferencia, sino en la capacidad de convivir con ella.
Los autores recomendaron que cada persona tome en cuenta no solo sus propias preferencias, sino también las de su pareja al decidir si trabaja desde casa y durante cuántas horas. El estudio también advirtió que las empresas no deberían tratar el teletrabajo como un acuerdo puramente bilateral entre empleador y trabajador, porque sus efectos alcanzan al núcleo familiar.
Entre las posibles respuestas, Phys.org mencionó la promoción de terapia de pareja a través de programas de asistencia al empleado.