El cohete Artemis 2 inicia preparativos finales para misión tripulada a la Luna

La etapa de pruebas técnicas y validaciones estructurales comienza tras la llegada del vehículo a la plataforma 39B, estableciendo la fase crítica previa al regreso de astronautas al entorno lunar en más de cincuenta años


El cohete Artemis 2 de la NASA ya está en la plataforma de lanzamiento 39B, marcando un regreso histórico de astronautas al entorno lunar tras más de cinco décadas, y representa un paso fundamental antes de que seres humanos vuelvan a pisar la superficie lunar. Este avance resulta clave porque la misión validará todos los sistemas necesarios para futuras expediciones tripuladas, ofreciendo al programa Artemis una oportunidad crítica para detectar posibles fallos y optimizar procedimientos de exploración espacial profunda.

Aunque la llegada del cohete a la plataforma genera expectación, expertos de la NASA destacan que el despliegue del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) inaugura una etapa compleja y cargada de desafíos técnicos. El proceso incluye pruebas eléctricas, chequeos exhaustivos de comunicación, y evaluaciones de seguridad previas a la carga de propulsores criogénicos. La prioridad institucional, declaró la directora de lanzamiento Charlie Blackwell-Thompson, consiste en garantizar la máxima confiabilidad de todos los sistemas, aún si esto implica reajustar el calendario de despegue. La flexibilidad ha sido subrayada como esencial, con ventanas de lanzamiento que se extienden más allá del 6 de febrero, en función del éxito de los ensayos finales.

A diferencia de Artemis 1, que se centró en un vuelo no tripulado de prueba en 2022, Artemis 2 enviará una tripulación integrada por cuatro astronautas en un viaje de diez días alrededor de la Luna y de regreso a la Tierra. El comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, y la especialista de misión Christina Koch, todos de la NASA, compartirán la nave con Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense. Esta selección refuerza el perfil internacional de la misión y abre espacio a una cooperación sostenida con proyectos futuros, entre ellos la estación Gateway.

El traslado del SLS y de la nave Orión desde el Edificio de Ensamblaje de Vehículos al área de despegue requirió cerca de 12 horas y dio inicio formal a la campaña de lanzamiento. En esta fase, cada circuito, conector y sistema de respaldo queda sujeto a evaluaciones técnicas detalladas. Un aspecto clave consiste en la revisión del brazo de acceso de la tripulación, que permitirá el ingreso de los astronautas a la cápsula, así como la comprobación del sistema de evacuación de emergencia, que emplea cestas para una rápida salida ante incidentes graves.

Un laboratorio de aprendizaje y ajustes continuos

La misión capitaliza la experiencia obtenida durante Artemis 1, cuando la NASA enfrentó fugas de hidrógeno, dificultades en válvulas y problemas térmicos durante ensayos previos al lanzamiento. Esas contingencias motivaron modificaciones de hardware, rediseños de interfaces y una actualización de varios procedimientos operativos. Según Blackwell-Thompson, estos aprendizajes han robustecido la infraestructura para enfrentar las exigencias adicionales de un vuelo tripulado.

Durante el ensayo general húmedo —programado para finales de enero— se demostrará la capacidad del SLS para cargar más de 2,5 millones de litros de combustibles criogénicos, ejecutar cuentas regresivas completas y retirar propulsores en condiciones de seguridad. Un avance respecto de 2022 es que el vehículo ya ha superado múltiples ciclos de prueba y se le han realizado ajustes para disminuir riesgos de fugas.

La nave Orión no aterrizará en la Luna durante Artemis 2; su propósito primordial reside en validar los sistemas de soporte vital, navegación y comunicación en entorno real y evaluar el rendimiento del cohete y la interacción de la tripulación con los sistemas a bordo. Alrededor de 42 horas luego del lanzamiento, la misión verificará parámetros orbitales —con el punto más alejado a 2 600 kilómetros de la Tierra— antes de ejecutar la inyección translunar hacia la Luna.

La trayectoria elegida, de retorno libre híbrido, permitirá que la cápsula rodee el satélite y regrese de manera automática al planeta, incluso ante fallos graves del sistema propulsivo. La tripulación viajará así a una distancia sin precedentes para humanos, factor que servirá para realizar mediciones sobre exposición a radiación y comportamiento de equipos vitales fuera del campo magnético terrestre.

Evaluación integral del desempeño humano y técnico

Durante el sobrevuelo, los astronautas pondrán a prueba la navegación autónoma, la habitabilidad del módulo Orión y los sistemas de enlace de larga distancia. Al término de la misión, el módulo de tripulación se separará del Módulo de Servicio Europeo y, después de atravesar la atmósfera terrestre, amerizará en el océano Pacífico, donde equipos especializados recuperarán la cápsula y a sus ocupantes. Este tramo final es determinante para probar el escudo térmico durante la reentrada con tripulación a bordo.

La NASA subrayó que Artemis 2 no requiere la activación de sistemas de descenso ni los trajes de superficie, enfocando la campaña en la validación de los componentes principales. El análisis de los datos recolectados, que se prolongará durante meses, permitirá a ingenieros y controladores determinar si el sistema está listo para Artemis 3, la misión proyectada para devolver a humanos a la Luna en 2027.

El hito alcanzado por Artemis 2, ya en la plataforma 39B, constituye no solo un avance operativo, sino la antesala obligada para autorizar el próximo alunizaje tripulado. Cada fase de pruebas y verificación técnica buscará minimizar riesgos y asegurar que todas las condiciones de confiabilidad estén satisfechas antes de avanzar en la exploración lunar.

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