Qué relación halló un estudio estadounidense entre la alimentación intuitiva y los diagnósticos declarados de hipertensión

Una investigación realizada en 1.057 adultos examinó elecciones guiadas por apetito y plenitud, además del descanso, ejercicio y tensión reciente; sus límites metodológicos impiden atribuir efectos directos sobre marcadores clínicos medidos


La alimentación intuitiva se asoció con una menor declaración de hipertensión entre 1.057 adultos de Estados Unidos, aunque el estudio no demostró que este enfoque reduzca la presión arterial ni prevenga enfermedades. La investigación, publicada en Journal of Behavioral Medicine, examinó la relación entre atender las señales de hambre y saciedad y distintos indicadores de salud.

Cada aumento de una unidad en la escala utilizada para evaluar este patrón alimentario se vinculó con 47% menos probabilidades de informar un diagnóstico de hipertensión y con 50% menos probabilidades de declarar colesterol elevado. También se observó una menor probabilidad de diabetes tipo 2.

Los participantes tenían una edad promedio de 36 años y el 53,2% eran mujeres. Respondieron cuestionarios sobre sus hábitos cotidianos, su estado de salud y diagnósticos previos o actuales.

La escala IES-3 y las señales internas de hambre

La herramienta empleada fue la escala IES-3, que mide hasta qué punto una persona decide comer según señales internas, como el hambre o la sensación de haber comido lo suficiente. El indicador contrasta esas decisiones con las motivadas por restricciones, emociones o estímulos del entorno.

El relevamiento también incluyó las horas de sueño durante la semana, la actividad física, el estrés reciente, el consumo de frutas y verduras, alcohol, tabaco y marihuana. Los investigadores preguntaron además por antecedentes de hipertensión, colesterol elevado y diabetes tipo 2, aunque todos los diagnósticos fueron informados por los propios participantes.

Una mayor puntuación en alimentación intuitiva se relacionó con más posibilidades de dormir al menos siete horas durante las noches de los días laborables, mayor actividad física, menor estrés y una mejor valoración de la propia salud. No se halló relación con el consumo de frutas y verduras, la frecuencia de ingesta de alcohol ni el uso de sustancias.

El diseño transversal del trabajo, que reúne información en un único momento, permite identificar vínculos entre variables, pero no determinar cuál ocurrió primero ni establecer que una haya causado a la otra. Por eso, los resultados no prueban que este modo de comer baje la presión arterial, reduzca el colesterol o evite la diabetes tipo 2.

También es posible que quienes ya tienen mejores condiciones de salud encuentren más sencillo sostener una relación con la comida basada en el hambre y la saciedad. La investigación no midió la presión arterial ni verificó los diagnósticos mediante historias clínicas, por lo que sus autores plantearon la necesidad de estudios más prolongados que analicen cambios concretos en los hábitos y la salud.

El estrés, las comidas apresuradas y el tratamiento médico

El estrés puede impedir que una persona se detenga a reconocer sus señales de hambre y saciedad, explicó Ashlee Carnahan, nutricionista y supervisora del Centro de Promoción de la Salud y Prevención de Enfermedades de Henry Ford Health. La especialista fue consultada por Verywell Health, que difundió los resultados de la investigación.

“Cuando las personas están estresadas y de un lado a otro, es poco probable que se sienten a comer de manera intuitiva o consciente”, señaló Carnahan. Comer con prisa y bajo tensión, añadió, puede coincidir con una presión arterial más alta que la registrada en un momento de mayor calma.

El enfoque puede complementar el plan DASH, una pauta alimentaria utilizada para controlar la presión arterial, pero no reemplaza la actividad física, la medicación ni las estrategias para manejar el estrés. Esa fue la advertencia de Matthew Landry, profesor asistente de salud global y ciencias del comportamiento en la Universidad de California en Irvine.

“La alimentación intuitiva ayuda a construir una mejor relación con la comida, lo que puede favorecer otras conductas, como hacer actividad física o manejar mejor el estrés”, explicó Landry. El profesor agregó que, para quienes ya controlan una enfermedad crónica como la hipertensión, este enfoque puede hacer que comer resulte más agradable y reduzca parte de la tensión asociada.

Carnahan sugirió apartar el teléfono y la televisión durante las comidas para concentrarse en las sensaciones de hambre y saciedad. También aconsejó evitar una clasificación rígida de los alimentos como buenos o malos.

“Incluso si se come un gusto, como un trozo de chocolate, se puede obtener más satisfacción con una porción pequeña que al comer una barra grande entera, si se hace de manera consciente o intuitiva”, sostuvo Carnahan. La nutricionista añadió que no es necesario adoptar todas las estrategias al mismo tiempo: “Hay muchas maneras distintas de comenzar con la alimentación intuitiva y no hace falta probarlas todas de una vez: se puede elegir una y avanzar desde ahí”.

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