El organismo activa una respuesta temprana que condiciona los picos posteriores y revela un proceso silencioso vinculado con la energía disponible para músculos y células a lo largo del día
Para los hombres, omitir el desayuno puede asociarse con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, debido a que esa decisión suele derivar en patrones de alimentación que favorecen el aumento de peso, la alteración de la glucosa y otros factores dañinos para el corazón. Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, y los hombres enfrentan un riesgo mayor durante buena parte de la adultez por diferencias biológicas.
El problema no reside únicamente en prescindir de la primera comida del día, sino en lo que ocurre después. El cardiólogo preventivo Adedapo Iluyomade, director médico del Miami Cardiac & Vascular Institute, explicó a Parade que el riesgo aumenta cuando el ayuno matutino conduce a elecciones alimentarias poco saludables durante el resto de la jornada.
La ausencia del desayuno eleva la grelina, la hormona que estimula el apetito, y suele incrementar la sensación de hambre. También puede favorecer comidas irregulares y nocturnas, en horarios que interfieren con el ciclo natural de sueño y vigilia, señaló Lauren Dal Farra, directora ejecutiva de PALM Health.
Quienes siguen ese patrón tienden a ingerir más calorías, con mayor presencia de comida rápida y alimentos azucarados. A la vez, disminuye el consumo de fibra, frutas y verduras, una combinación que facilita el aumento de peso y la obesidad.
La glucosa y la respuesta del organismo a la insulina
El desayuno también interviene en la forma en que el organismo regula el azúcar en sangre. La insulina, una hormona liberada por el páncreas cuando se ingieren alimentos, permite trasladar la glucosa de la sangre a las células para convertirla en energía.
Cuando esa primera ingesta no ocurre, el cuerpo puede perder sensibilidad a la insulina. Al comer más tarde, necesita producir una cantidad mayor de la hormona para mantener la glucosa bajo control.
La primera liberación de insulina activa el denominado “efecto segunda comida”, un mecanismo que reduce los ácidos grasos circulantes y ayuda a los músculos a responder a la hormona y almacenar glucosa. Sin esa regulación, los picos de azúcar después del almuerzo y de las comidas posteriores pueden ser más pronunciados.
La diferencia entre hombres y mujeres se explica, en parte, por el estrógeno. La hormona, presente en mayores concentraciones en el organismo femenino, favorece la liberación de óxido nítrico en el revestimiento de los vasos sanguíneos, lo que permite su dilatación y reduce naturalmente la presión arterial.
Esa protección se mantiene durante los años fértiles de las mujeres y disminuye con la menopausia, cuando el riesgo cardiovascular entre ambos sexos tiende a equipararse. Los hombres, con niveles más bajos de estrógeno, no cuentan con la misma barrera hormonal.
Además, los depósitos de colesterol en las arterias coronarias masculinas suelen contener más grasa y presentar mayor propensión a romperse, un proceso que desencadena gran parte de los infartos. La hipertensión y los niveles desfavorables de colesterol también suelen aparecer a edades más tempranas en la población masculina.
Desayunos con fibra y hábitos para proteger el corazón
Iluyomade recomendó priorizar alimentos mínimamente procesados y ricos en fibra. Dal Farra propuso patrones como la dieta mediterránea y la dieta DASH, que pone especial énfasis en reducir el consumo de sodio.
Ambos modelos alimentarios incluyen proteínas vegetales, carnes magras, pescados, mariscos, verduras, frutas y cereales integrales. Entre las alternativas para la mañana figuran la avena con yogur griego y frutos rojos, el pudín de semillas de chía con nueces y los huevos revueltos con verduras y palta.
La actividad física regular complementa esos cambios. La Asociación Estadounidense del Corazón recomienda al menos 150 minutos de ejercicio aeróbico semanal, equivalentes a unos 21 minutos diarios.
Caminar u otras actividades aeróbicas mejoran el funcionamiento de los vasos sanguíneos, aumentan el colesterol HDL, conocido como “bueno”, y reducen el LDL, identificado como “malo”. También favorecen la respuesta del organismo a la insulina.
Los especialistas aconsejaron controlar periódicamente la presión arterial, el colesterol, la glucemia y los marcadores de inflamación mediante análisis de sangre. El consumo de tabaco, en cualquiera de sus formas, continúa siendo el hábito más perjudicial para la salud cardiovascular y general.