Carencias tempranas, afecto condicionado y un entorno exigente aparecen ligados a efectos profundos que no siempre se ven de inmediato
El médico y autor Gabor Maté afirmó que el trauma no es el hecho doloroso en sí, sino la herida emocional que deja y que puede seguir condicionando la salud física y mental durante años, una definición que sitúa en el centro la necesidad de revisar cómo se interpreta el sufrimiento psicológico desde la infancia hasta la vida adulta. La idea fue expuesta en una conversación con Jay Shetty difundida en su podcast y plantea que el paso del tiempo no alcanza, por sí solo, para resolver esas secuelas.
Según explicó Maté, una de las claves para entender este fenómeno es distinguir entre estrés y trauma. “Toda experiencia traumática es estresante, pero no todo estrés es traumático”, dijo el especialista, al marcar que no todas las vivencias difíciles dejan una huella persistente.
Esa diferencia, señaló, permite comprender por qué algunas personas arrastran heridas invisibles que afectan su presente, mientras otras logran procesar la adversidad sin que se convierta en una marca duradera. En esa línea, sostuvo que el uso amplio del término trauma puede confundir situaciones estresantes con daños psicológicos de otro orden.
El trauma deja una marca en el sistema nervioso y la psique
En la conversación citada por Infobae, Maté resumió su definición en una frase: “El trauma no es lo que te ocurrió. Es la herida que resultó de lo que te ocurrió”. Con esa formulación, desplazó la atención desde el acontecimiento pasado hacia sus efectos prolongados sobre la persona.
El médico añadió que esa herida no es abstracta. “El trauma es una marca en el sistema nervioso y en la psique que puede manifestarse de muchas formas perjudiciales”, afirmó. A su juicio, esta mirada cuestiona la tendencia de algunos sectores médicos a minimizar el peso de las heridas emocionales en la salud general, con el riesgo de arribar a diagnósticos incompletos.
Maté también rechazó la idea de que los años, por sí solos, reparan ese daño. “El tiempo quizá forme una cicatriz sobre la herida, pero si algo la toca, puede reactivarse con toda su intensidad”, explicó.
Para el especialista, ese funcionamiento ayuda a entender por qué un dolor emocional puede permanecer latente durante mucho tiempo y reaparecer de manera abrupta frente a una situación actual. Por eso insistió en que la recuperación exige un trabajo consciente y no una espera pasiva.
“El tiempo no cura automáticamente”, sostuvo. La observación apunta contra una creencia extendida: que las experiencias traumáticas se disuelven solo porque quedaron atrás.
La infancia concentra necesidades que influyen en la salud mental adulta
Otro eje de la conversación entre Jay Shetty y Maté fue el peso de la infancia en el desarrollo emocional. El médico señaló que un crecimiento saludable depende de que durante los primeros años se satisfagan necesidades básicas como la aceptación incondicional, la libertad para expresar emociones y la posibilidad de jugar de manera espontánea.
“Los niños necesitan ser aceptados sin condiciones por los adultos que los cuidan, y no deben esforzarse por ganarse ese afecto”, sostuvo. Según su análisis, la falta de esas condiciones puede alterar el desarrollo emocional aun cuando no exista maltrato explícito.
Maté subrayó además que la expresión emocional plena es una necesidad y no un detalle accesorio. “El niño necesita experimentar todas las emociones que la naturaleza le ha dado”, afirmó.
A eso sumó la relevancia del juego libre para el desarrollo cerebral. En su planteo, esa necesidad suele quedar relegada por una organización social que prioriza el rendimiento cognitivo y el uso de tecnología.
El especialista advirtió que las condiciones contemporáneas vuelven más difícil cubrir esas necesidades infantiles. Mencionó entre esos factores la sobreexigencia escolar, la falta de tiempo para jugar y la presión social que recae sobre los padres.
Según recogió Infobae, Maté vinculó ese contexto con la presencia creciente de cuadros como ansiedad, depresión o déficit de atención en niños. También señaló que el aumento de suicidios infantiles y de la prescripción de medicamentos psiquiátricos refuerza su preocupación sobre el entorno en que transcurre la crianza.
“La frecuencia de estos problemas no se debe a la falta de amor de los padres, sino a las condiciones en que la crianza ocurre en la sociedad contemporánea”, afirmó. En ese marco, consideró que la comprensión y el acompañamiento de los adultos ante el dolor infantil son decisivos para evitar que una experiencia dolorosa se transforme en un trauma duradero.