Una variación dentro del grupo juvenil sugiere un inicio distinto al de años anteriores y replantea las alertas de prevención
Tres estudios presentados en Barcelona durante el congreso de la Sociedad Respiratoria Europea muestran que el vapeo gana terreno entre adolescentes y jóvenes aunque baje el cigarrillo tradicional, un cambio que adelanta la edad de inicio del consumo de nicotina y desplaza ese uso hacia formatos más diversos.
El dato más alto apareció en el seguimiento de adultos jóvenes en Irlanda: a los 25% años, el uso actual de cigarrillos electrónicos llegó a 38% y el tabaquismo a 25%. Según los autores, quienes tenían menos probabilidades de fumar a esa edad eran los que nunca habían vapeado.
Los trabajos reunieron muestras amplias de población general, adolescentes y adultos jóvenes. En conjunto, describen una misma tendencia: la caída del cigarrillo convencional no se traduce en una reducción equivalente de la exposición a la nicotina.
En Austria cayó el cigarrillo tradicional, pero subieron los productos alternativos
El primero de los estudios fue presentado por Charmaine Helk-Lim, del Instituto Ludwig Boltzmann para la Salud Pulmonar y la Universidad Privada Sigmund Freud de Viena. El análisis siguió a 15.056 personas de entre seis y 82 años durante 12 años, entre 2012 y 2024.
En ese período, el tabaquismo tradicional bajó de 24,2% a 16,3%. Al mismo tiempo, el uso de productos alternativos con nicotina, como los cigarrillos electrónicos, pasó de 0% a 17,2%, y el policonsumo subió de 5,2% a 18,3%.
Ese desplazamiento es uno de los hallazgos centrales de los nuevos trabajos. Los investigadores sostienen que medir solo la prevalencia de fumadores puede ofrecer una imagen incompleta cuando el consumo total de nicotina se redistribuye entre varios dispositivos.
El mismo estudio detectó además un cambio generacional en la edad de inicio. Entre las personas nacidas en la década de 1930, el comienzo del tabaquismo rondaba los 20 años; en las cohortes nacidas en los años 2000, cayó hasta los 15.
Entre los menores de 18 años, la proporción de quienes fuman pasó de 2,6% a 5%. Para los autores, la exposición temprana a la nicotina importa porque se asocia con una mayor probabilidad de dependencia sostenida y con más dificultades para abandonar el consumo más adelante.
Helk-Lim advirtió que la reducción del tabaquismo “oculta un problema de nicotina más amplio”. También sostuvo que los datos sugieren que muchos chicos y adolescentes empiezan a usar estos productos a los 15 o 16 años, por lo que la prevención debería comenzar antes.
En Irlanda creció el grupo que empieza a vapear sin haber fumado antes
El segundo trabajo fue dirigido por Joan Hanafin en el TobaccoFree Research Institute Ireland. Analizó a 5.265 jóvenes de 15 y 16 años en 2015, 2019 y 2024.
El estudio mostró una baja moderada en la proporción de fumadores, de 13,9% en 2015 a 11,7% en 2024, después de un pico de 14,4% en 2019. En paralelo, el vapeo subió de 10,1% a 15,7%, aunque había alcanzado 18,1% en 2019.
El cambio más marcado estuvo entre quienes llegaron al cigarrillo electrónico sin haber pasado antes por el tabaco convencional. En 2015, ese grupo representaba 50,2% de los vapeadores; en 2024, alcanzó 76,2%.
Ese resultado responde de forma directa a la pregunta central que plantean los estudios: para una parte creciente de los adolescentes, el cigarrillo electrónico ya no funciona como reemplazo del tabaco, sino como puerta de entrada al consumo de nicotina. La novedad no es solo que más jóvenes vapean, sino que muchos empiezan por ahí.
Un tercer estudio del mismo instituto siguió los hábitos de 3.380 jóvenes desde los 13 hasta los 25 años. El recorrido mostró que tanto fumar como vapear aumentaban a medida que avanzaba la transición hacia la adultez.
La evidencia previa ya había vinculado el vapeo con daño respiratorio y dependencia
Los nuevos resultados se insertan en un escenario sobre el que ya existían advertencias previas. En una nota anterior, Infobae informó sobre una revisión científica del Real Colegio de Pediatría y Salud Infantil del Reino Unido, publicada en Archives of Disease in Childhood, que examinó más de 14.000 artículos y sintetizó datos de 81 estudios.
Esa revisión vinculó el vapeo en menores con tos, sibilancias, bronquitis, episodios de asma y dependencia a la nicotina. También señaló una asociación entre el uso de cigarrillos electrónicos y una mayor probabilidad de iniciarse después en el consumo de tabaco convencional.
Ese antecedente ayuda a interpretar el dato irlandés sobre adolescentes que comienzan a consumir nicotina directamente mediante vapeadores. El punto de contacto entre ambos trabajos es que el primer contacto con la nicotina aparece cada vez más desligado del cigarrillo tradicional.
La publicación también había dado cuenta de otro estudio, aparecido en ERJ Open Research, sobre adultos de entre 18 y 30 años. Ese trabajo halló que tanto el vapeo como el tabaquismo se asociaban con una reducción de 15% en la capacidad física frente a quienes nunca habían usado esos productos.
La investigación encontró además menor captación de oxígeno, eliminación menos eficiente de dióxido de carbono, fatiga más rápida y signos de inflamación en los vasos sanguíneos, incluso en participantes con pulmones sanos en reposo y estilos de vida activos.
A partir de los tres estudios presentados en la ERS, los investigadores reclamaron políticas de salud pública que no distingan entre un producto y otro cuando se trata de prevenir el consumo en niños y jóvenes. En esa lista incluyeron cigarrillos electrónicos, tabaco tradicional, shisha, tabaco calentado y bolsitas de nicotina.