Un reciente estudio científico establece que la presencia prolongada de hielo en zonas en sombra permanente transforma los criterios de elección y establecimiento de bases para las expediciones internacionales programadas en la superficie lunar
Más de 1.500 millones de años de historia geológica han permitido que el hielo se acumule gradualmente en los polos de la Luna, un hallazgo reciente que cambia el enfoque de la exploración lunar y define los objetivos de las próximas misiones tripuladas. Desde que la NASA lanzó la misión Artemis II y Estados Unidos, Rusia y China anunciaron su interés en instalar bases permanentes en el satélite natural, el Polo Sur lunar se ha transformado en el principal destino estratégico para la carrera espacial del siglo XXI. Este giro responde a la localización y antigüedad de los depósitos de hielo —un recurso clave para la vida y la investigación en el espacio—, según reveló un estudio liderado por el Instituto Weizmann de Ciencias y publicado en Nature Astronomy.
Descubren antigüedad de trampas de frío con hielo lunar y redefinen objetivos para misiones Artemis
El nuevo estudio identificó que las denominadas trampas de frío de los polos lunares —regiones permanentemente en sombra donde las temperaturas se mantienen por debajo de -160 °C— han desempeñado un papel central en el almacenamiento de hielo a lo largo de enormes periodos de tiempo. De acuerdo con los cálculos geométricos del equipo internacional encabezado por el profesor Oded Aharonson del Instituto Weizmann, cuanto antes una región lunar quedó en sombra, más capacidad tuvo de acumular hielo. Entre los ejemplos sobresalientes, el cráter Haworth —cercano al Polo Sur— se encuentra entre las trampas de frío más antiguas, con más de 3.300 millones de años de existencia.
La evidencia deriva del análisis de datos recopilados desde 2009 por un instrumento de detección de luz ultravioleta a bordo del Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA. Este método permite localizar capas de hielo mediante el reflejo diferencial de la luz ultravioleta respecto a la roca. El hallazgo constituye una de las respuestas más sólidas a la hipótesis propuesta hace más de un siglo por el pionero Robert H. Goddard, quien conjeturó la posible existencia de depósitos de hielo en los polos lunares.
En 2023, los investigadores habían establecido que la inclinación axial de la Luna fue disminuyendo drásticamente durante los últimos miles de millones de años, haciendo que los cráteres polares quedaran progresivamente en sombra permanente. El equipo, que incluyó a Paul Hayne (Universidad de Colorado Boulder) y Norbert Schörghofer (Instituto de Ciencias Planetarias de Honolulu), calculó la antigüedad exacta en que cada cráter, como el célebre Shackleton, obtuvo condiciones idóneas para preservar hielo. Las trampas de frío más jóvenes presentan cantidades mínimas de hielo; en cambio, las más antiguas son, a juicio de Nature Astronomy, “objetivos prioritarios para futuras misiones” como Artemis.
El significado estratégico del hielo lunar para la exploración espacial
El descubrimiento de hielo acumulado persistentemente en los polos de la Luna modifica la hoja de ruta de la NASA y otras agencias, pues las futuras misiones Artemis se enfocarán en regiones capaces de sostener agua en el largo plazo. La visión oficial implica no solo extraer y analizar muestras, sino también evaluar la viabilidad de usar ese recurso en la construcción de una base lunar permanente, clave para preparar —y eventualmente lanzar— viajes tripulados a Marte.
Este bloque responde a la pregunta central de la misión Artemis: el grupo del Instituto Weizmann demostró que el hielo ha sido un componente estable y creciente en las trampas de frío polares durante más de 1.500 millones de años. Las misiones enviadas por la NASA y otros países buscarán ahora comprobar la existencia, naturaleza química y utilidad potencial de estos depósitos con vistas al abastecimiento de agua, oxígeno y combustible para próximas exploraciones espaciales humanas.
Según declaró Aharonson en la publicación original: “La prueba definitiva de la existencia de hielo en la Luna sería una muestra del mismo. Nos permitiría comparar la composición química del agua lunar con la terrestre y evaluar si las misiones lunares tripuladas podrían aprovechar este recurso y, en caso afirmativo, cómo”.
Origen, persistencia y uso potencial del agua lunar
La investigación presenta también un modelo matemático simplificado para explorar el origen y la evolución del hielo encontrado en los polos. Tres procesos principales inciden en la cantidad disponible: la llegada de agua, su evaporación y la erosión por impacto, que redistribuye y entierra el hielo bajo el regolito lunar. Los científicos consideran que el flujo de agua y su pérdida operan a ritmos relativamente altos, similar a un recipiente que se llena y pierde contenido a la vez.
Sobre el origen, las posibles fuentes son múltiples: actividad volcánica que transporta agua desde el interior lunar, el viento solar aportando átomos de hidrógeno que reaccionan con el oxígeno superficial y el impacto repetido de asteroides y cometas a lo largo de millones de años —no como un solo evento cataclísmico, sino en una sucesión dispersa.
Paul Hayne afirmó a Nature Astronomy que las futuras misiones podrán explorar en detalle los depósitos recién identificados: “Las futuras misiones espaciales podrán recopilar datos exhaustivos sobre el hielo de la superficie del cráter, y los vehículos exploradores podrán acercarse, entrar y tomar muestras de los depósitos de hielo”.
Para los científicos, la Luna se consolida como un laboratorio geológico sin igual para estudiar tanto la historia del agua en la Tierra como la posibilidad de encontrar recursos similares en otros planetas y satélites del sistema solar.