Las consultas en línea acerca del valor de este gesto aumentaron durante la jornada, mientras científicos destacan el impacto positivo del contacto físico en la regulación de las emociones y la protección frente al estrés
El Día Internacional del Abrazo, que se celebra cada 21 de enero, genera un renovado interés global por los efectos de este gesto en la salud física y el bienestar emocional. El impacto de los abrazos no se limita al ámbito afectivo: estudios científicos han comprobado que este simple acto provoca respuestas fisiológicas beneficiosas, lo que explica que, aún en la era digital, continúe ocupando un lugar central en la vida social.
En el caso de Argentina, los datos de Google Trends revelaron que, durante la última jornada, las búsquedas del término “Día Internacional del Abrazo” superaron el millar de consultas y aumentaron casi un 200% en pocas horas, acercándose a registros máximos a lo largo del día. Este pico digital denota una inquietud recurrente acerca de la naturaleza y ventajas del abrazo, una conducta que trasciende culturas y edades.
La historia de esta efeméride remonta a 1986, cuando el psicólogo Kevin Zaborney propuso una fecha específica para promover la expresión física del afecto en la sociedad. Zaborney, que trabajaba con jóvenes en la localidad de Clio, Michigan, observó que muchas personas tendían a reprimir sus sentimientos incluso entre familiares. Eligió el 21 de enero para situarla entre Navidad y el Día de San Valentín, dos celebraciones en las que suele incrementarse la necesidad de contención emocional. La iniciativa ganó proyección nacional en Estados Unidos gracias al Calendario de Eventos Chase y posteriormente fue adoptada internacionalmente.
Desde una perspectiva científica, los abrazos sostenidos, de al menos 20 segundos, provocan la liberación de oxitocina —la llamada “hormona del apego o del amor”—. Esta sustancia no solo favorece la calma y la conexión emocional, sino que también facilita la creación de vínculos duraderos entre las personas. Además, el contacto físico reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y estimula la producción cerebral de dopamina, serotonina y endorfinas, neurotransmisores que participan en el placer, el buen ánimo y el alivio natural del dolor.
Diversos estudios destacan que los abrazos pueden influir en indicadores medibles de la salud. Entre los efectos fisiológicos más documentados aparecen la disminución de la presión arterial y la estabilización del ritmo cardíaco, factores cruciales para el buen funcionamiento cardiovascular. El contacto frecuente también tiene un impacto en el sistema inmunológico, ya que activa la glándula del timo, responsable de producir glóbulos blancos esenciales en la lucha contra enfermedades.
El acto de abrazar es indispensable durante la infancia para el desarrollo emocional y social, pero sus beneficios se extienden a todas las edades. En adultos, contribuye a prevenir trastornos relacionados con el estrés, como el aumento del colesterol, mejora la calidad del sueño debido al aumento de serotonina y brinda seguridad durante episodios de ansiedad, depresión o soledad.
Los expertos recomiendan que el abrazo dure al menos 20 segundos y que se privilegie el contacto piel con piel, dado que esta modalidad activa neuronas táctiles que intensifican la sensación de relajación. Tanto la sensibilidad como el consentimiento son fundamentales para que el gesto resulte efectivo y respetuoso.
Asimismo, el método madre canguro —consistente en el contacto directo del recién nacido con quien lo cuida— ejemplifica la relevancia de este vínculo en las primeras etapas de la vida, ya que fortalece los lazos afectivos y protege la salud física y emocional del bebé.
El abrazo, más allá de celebraciones puntuales, permanece como una forma accesible y potente para mejorar el ánimo y fomentar el bienestar en la vida diaria.