Qué revelaron las 5.072 grabaciones sobre la forma en que adultos de Estados Unidos se relacionan con perros y gatos

Los registros exponen contrastes llamativos entre hogares, rutinas diversas y maneras muy distintas de conectar con esos compañeros


Un equipo de la Universidad de Arizona desarrolló AURAL-Pet para medir cómo las personas les hablan a perros y gatos en su vida diaria, con la intención de aclarar por qué convivir con animales se vincula con bienestar en algunos casos, pero muestra efectos débiles o nulos en otros. El instrumento fue presentado en un estudio publicado en Frontiers in Psychiatry y apunta a ofrecer datos objetivos sobre interacciones cotidianas que hasta ahora solían quedar fuera de las mediciones.

El análisis mostró que, entre quienes conviven con animales, el habla dirigida a perros y gatos representa en promedio el 9,2% de todos los momentos en que una persona está hablando. Los investigadores también lograron clasificar de forma consistente 22 de 23 variables binarias en 5.072 grabaciones de 240 participantes.

La investigación parte de una discusión abierta desde hace años sobre el llamado “efecto mascota”. Algunos trabajos lo asociaron con menores niveles de soledad y depresión, mientras otros encontraron resultados débiles o directamente nulos.

Para Emily Bray, profesora adjunta del Colegio de Medicina Veterinaria de la universidad y autora principal del estudio, la diferencia puede empezar a aclararse con “datos objetivos sobre lo que la gente realmente está diciendo y cómo está interactuando” con sus animales.

El sistema identifica elogios, órdenes, preguntas y formas de trato cotidiano

AURAL-Pet, sigla de audio-based understanding of relational animal-directed language, funciona como un sistema de codificación de interacciones entre humanos y animales. En cada clip detecta categorías como elogios, preguntas, órdenes, frustración, apodos para el animal o referencias en las que la persona le habla como si fuera humana.

Para construir la herramienta, el equipo usó una aplicación para teléfonos inteligentes creada por el coautor Matthias Mehl, profesor del Departamento de Psicología. El sistema se activa en momentos aleatorios del día y graba el ambiente sin que el participante sepa cuándo ocurrirá cada registro.

Ese diseño buscó reducir un sesgo habitual en este tipo de investigaciones. Según explicó Bray, muchos estudios sobre interacción humano-animal reclutan personas que ya saben que se analizará su vínculo con los animales, mientras que en este caso los participantes aceptaron el uso científico de sus grabaciones, pero no conocían la pregunta específica del trabajo.

El estudio reunió clips de cuatro bases de datos previas con adultos de perfiles diversos en Estados Unidos. Entre ellos había personas mayores, adultos sanos que practicaban meditación, parejas que atravesaban cáncer de mama y personas recientemente divorciadas o separadas.

De los 541 participantes disponibles en esos archivos, el 44% mostró presencia de animales en al menos dos grabaciones y pudo ser incluido en el análisis. La edad media de ese grupo fue de 48,5 años, con un rango de 24 a 87; el 68,3% eran mujeres y el 31,7% hombres.

Las grabaciones mostraron diferencias marcadas entre una persona y otra

Los audios revelaron contrastes fuertes en la cantidad, la calidad y la profundidad de las interacciones. Algunas personas usaban apodos cariñosos en todos sus registros de habla con animales, mientras que otras no lo hacían nunca, y ese mismo patrón apareció con preguntas, órdenes, elogios o frases en las que el animal era tratado como confidente.

Dara Jonkoski, doctoranda del Departamento de Psicología y autora principal, relató que en las grabaciones aparecían escenas como la de una persona que regresaba de “un día duro en el trabajo” y le decía a su animal: “Siempre te alegra verme; siempre me haces sentir tan bien”.

El estudio encontró además que, en los clips donde había un animal presente, los participantes estaban solos en el 44% de los casos, acompañados por otra persona en el 35,7% y con varias personas en el 14,1%. Para los autores, esa distribución sugiere que perros y gatos participan tanto en momentos de soledad como en escenas sociales.

Entre las categorías detectadas con mayor frecuencia aparecieron hablar directamente con el animal, en el 63,3% de los audios, y contenido dirigido al animal como animal, en el 55,3%. También se registraron órdenes en el 24,7%, preguntas en el 18,7% y expresiones en las que se lo trataba como sustituto humano en el 18,2%.

El análisis también identificó un tono de voz específico dirigido a los animales en el 27,1% de los clips y vocalizaciones del animal en el 28,1%. Las más frecuentes fueron ladridos, maullidos, quejidos, gruñidos, ronroneos y aullidos.

La herramienta ya se aplica en un estudio sobre salud mental en mayores de 60 años

Una vez entrenados, los investigadores tardaban en promedio 1,5 minutos en codificar cada clip de 30 o 50 segundos. La versión final del sistema quedó compuesta por 30 variables, de las cuales 27 eran binarias y tres cualitativas.

Según Bray, la principal utilidad de la herramienta es que permite observar conducta directa en lugar de respuestas de cuestionarios. “Podemos ir directamente al comportamiento humano, y eso me encanta como investigadora del comportamiento animal. Los humanos también son animales, ¿no?”, dijo la autora a la publicación.

El equipo ya está aplicando AURAL-Pet en otro proyecto, el estudio C.A.R.E., dirigido por Matthew Grilli y Jessica Andrews-Hanna, profesores asociados del Departamento de Psicología. Ese trabajo recopila datos sobre salud mental y bienestar en adultos mayores de 60 años.

La hipótesis de los investigadores es que la herramienta permita precisar si un animal funciona como sustituto de un compañero social o como facilitador de interacciones con otras personas. Según el estudio difundido por Frontiers in Psychiatry, esa variabilidad entre tutores podría ayudar a explicar la heterogeneidad observada durante décadas en las investigaciones sobre los efectos de convivir con animales.

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