Un estudio global publicado en The Lancet revela que la prevalencia de enfermedades mentales casi se duplicó desde 1990 y ahora representan el 17 por ciento de los años vividos con discapacidad, especialmente entre adolescentes y mujeres
Los trastornos mentales ya son la principal causa de discapacidad global y afectan a 1.200 millones de personas, según un estudio publicado en The Lancet que midió su prevalencia y carga entre 1990 y 2023 en 204 países y territorios. Ese trabajo concluyó que la carga casi se duplicó en ese período y ya supera a la de las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y las afecciones musculoesqueléticas.
En 2023, estos trastornos representaron 171 millones de años de vida ajustados por discapacidad y más del 17 % de todos los años vividos con discapacidad en el mundo, según el estudio. La investigación fue liderada por especialistas del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud en colaboración con la Universidad de Queensland.
El trabajo identificó un impacto desproporcionado en adolescentes de 15 a 19 años y en mujeres. También registró aumentos en todas las regiones del mundo entre 1990 y 2023, aunque con distinta intensidad según la región y el nivel de desarrollo.
La depresión y la ansiedad empujaron el salto después de la pandemia
Damian Santomauro, primer autor del trabajo, explicó a la agencia de noticias Sinc qué cuadros explican el alza reciente: “Los recientes aumentos se deben principalmente a los trastornos de ansiedad y al trastorno depresivo mayor”.
Desde 2019, la prevalencia estandarizada por edad del trastorno depresivo mayor aumentó cerca de 24 %, mientras que los trastornos de ansiedad crecieron más de 47 %, de acuerdo con el estudio. Ambos alcanzaron su punto más alto en los años posteriores a la pandemia de covid-19.
Santomauro vinculó esa evolución con factores inmediatos y estructurales. “Estas tendencias al alza pueden reflejar tanto los efectos persistentes del estrés derivado de la pandemia como factores estructurales a largo plazo, como la pobreza, la inseguridad, el abuso, la violencia y la disminución de la cohesión social”, dijo a Sinc.
El mismo investigador señaló a Sinc que la respuesta exige una escala mayor que la actual: “Abordar esta situación requerirá una inversión sostenida en los sistemas de salud mental, un mayor acceso a la atención y una acción global coordinada para brindar un mejor apoyo a las poblaciones más vulnerables”.
La investigación describe que los trastornos mentales atraviesan todas las etapas de la vida, aunque su tipo e impacto cambian con la edad. El máximo de prevalencia se concentra entre los 15 y los 19 años, una etapa que puede condicionar trayectorias educativas, laborales y relacionales.
Alize Ferrari, coautora del estudio, resumió ese hallazgo: “Nuestros hallazgos demuestran que la prevalencia de los trastornos mentales alcanza su punto máximo entre los 15 y los 19 años, una etapa del desarrollo que puede influir en las trayectorias educativas, laborales y relacionales”.
Las mujeres concentran más casos y la cobertura de tratamiento sigue siendo baja
En 2023, 620 millones de mujeres vivían con un trastorno mental, frente a 552 millones de hombres, según el estudio. La carga también fue mayor entre ellas: acumularon 92,6 millones de años de vida ajustados por discapacidad, contra 78,6 millones entre los varones.
Según el trabajo, esa diferencia puede vincularse con una combinación de factores: mayor exposición a violencia doméstica y abuso sexual, más responsabilidades de cuidado y desigualdades estructurales como la discriminación de género.
Las tasas de carga más elevadas aparecieron en áreas de altos ingresos como Australasia, Oceanía y Europa Occidental, con países como Países Bajos, Portugal y Australia entre los más afectados, según el estudio. También se registraron incrementos marcados en África subsahariana occidental y en partes del sur de Asia.
El avance de los casos convive con una cobertura de atención muy baja. De acuerdo con los análisis del Estudio de la Carga Global de Enfermedad, presentado en el texto como el mayor informe mundial sobre salud pública de la OMS, solo alrededor del 9 % de las personas con trastorno depresivo mayor en el mundo recibe un tratamiento mínimamente adecuado, y en 90 países menos del 5 % accede a una atención adecuada.
La brecha también alcanza a los sistemas más desarrollados. En los 204 países y territorios analizados, solo un número reducido de entornos de altos ingresos, como Australia, Canadá y los Países Bajos, supera una cobertura de tratamiento del 30 %, según el estudio.
Esa combinación entre más casos, mayor discapacidad y baja cobertura amplía el impacto sobre familias y cuidadores, reduce la participación laboral y la productividad, y suma presión sobre los sistemas de salud y los recursos públicos.
Especialistas advierten que el acceso sigue lejos de la demanda
Sergio Grosman, médico psiquiatra y presidente del capítulo Psicoterapias de la Asociación de Psiquiatras Argentinos, dijo a Infobae que el cuello de botella ya no pasa solo por la magnitud del problema, sino por la incapacidad de respuesta del sistema. “El problema central hoy ya no es solo cuántas personas tienen un trastorno mental, sino que el sistema de salud no logra absorber ni siquiera a quienes buscan ayuda en América Latina. Conseguir un turno puede resultar casi imposible en el sector público y muy difícil incluso a través de las obras sociales”.
Grosman agregó a Infobae que la demanda visible es apenas una parte del cuadro. “Quienes consultan representan solo una fracción del problema. Por cada paciente que llega a la atención, hay probablemente una o dos personas más que sufren síntomas sin pedir ayuda, ya sea por estigma, desesperanza o falta de conciencia de la enfermedad. Esto plantea una pregunta incómoda: ¿tiene sentido aumentar la detección si luego no hay dónde atender a quienes detectamos? Considero que no habrá mejora real sin una mayor inversión pública y mejor cobertura”.
Ante una eventual ampliación de recursos, Grosman planteó a Infobae tres prioridades: prevención con foco en los lazos comunitarios, definición de objetivos para orientar la inversión y aumento de sedes de atención y equipos profesionales. También señaló que en países desarrollados ya existen programas mixtos entre sistemas digitales con inteligencia artificial y contacto con profesionales.
Sobre ese modelo, Grosman dijo a Infobae: “No son la solución perfecta ni reemplazan la relación terapéutica, pero permiten que personas con síntomas leves o moderados accedan a una primera instancia de ayuda sin lista de espera y a bajo costo”.
Eduardo Keegan, profesor asociado y director de la Carrera de Especialización en Psicología Clínica y Terapia Cognitivo-Conductual de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, afirmó a Infobae que el aumento de ansiedad y depresión mayor es consistente con el impacto de la pandemia. “No me resulta sorprendente que haya aumentado tanto la tasa de trastornos de ansiedad y depresión mayor si se tiene en cuenta que hubo una pandemia por coronavirus tan extensa en el mundo. Si se calcula la carga de muertes, desempleo y alteración laboral, el incremento parece esperable”.
Sobre la falta de acceso al tratamiento adecuado señalada en The Lancet, Keegan explicó a Infobae: “Eso tiene que ver con la necesidad de implementar planes públicos para acercar los tratamientos disponibles a la gente. No es necesario inventar nada nuevo, sino mejorar el acceso a las terapias que ya cuentan con prueba”.
Keegan añadió a Infobae que la terapia cognitivo-conductual tiene alta eficacia para la mayoría de los pacientes. “Aproximadamente el 70 % mejora en unas quince semanas, con entre dieciséis y dieciocho sesiones. Hay diversos protocolos cognitivo-conductuales que han demostrado ser útiles tanto para la depresión como para la ansiedad. También hay abordajes farmacológicos eficaces, seguros y de bajo costo, y la posibilidad de combinar ambas estrategias. Pero todo esto requiere una estructura y una organización que facilite el acceso, algo que en países de América Latina como la Argentina todavía no existe”.
El especialista citó a Inglaterra como ejemplo de programas públicos ya implementados. Allí funciona el sistema conocido como Mejora del Acceso a los Tratamientos Psicológicos, actualmente llamado Programa de Terapias de la Palabra o Talking Therapies, dijo Keegan a Infobae.