La investigación del equipo de Gustavo Morello registró que el 77% del plantel mostró marcas en la piel durante el torneo y relevó 226 diseños en 20 de 26 jugadores a partir de 196 imágenes públicas
Este 17 de julio, Día Mundial del Tatuaje, varios futbolistas de la Selección Argentina llegan a una nueva final del mundo ante España en Estados Unidos con una marca común que excede lo estético: sus tatuajes exponen creencias, vínculos y logros en la antesala de la posibilidad de un bicampeonato tras la consagración en Qatar.
El dato atraviesa a buena parte del plantel campeón. En el último Mundial, el 77% de los futbolistas argentinos que levantaron la copa mostró tatuajes visibles, y un estudio publicado en mayo por Religión en Debate identificó 226 diseños en 20 de los 26 campeones después de revisar 196 imágenes públicas.
Según la investigación encabezada por el sociólogo Gustavo Morello y su equipo, esos tatuajes se organizan en cuatro grandes categorías: religiosos, dedicados a seres queridos, profesionales y aspiracionales. El documento los define como “un testimonio de lo que consideran sagrado”.
El estudio identificó 226 tatuajes en 20 de los 26 campeones de Qatar
La investigación sostiene que el fútbol funciona como una plataforma para expresar moral y valores, y que los tatuajes reflejan los sistemas de sentido de los jugadores. La cancha, bajo esa lectura, no solo exhibe rendimiento deportivo: también muestra recuerdos, creencias y proyectos personales.
La presencia de motivos religiosos es una de las capas más extendidas. Quince futbolistas llevan al menos un tatuaje de este tipo, con imágenes de Jesucristo, la Virgen María, ángeles, cruces y rosarios distribuidas en brazos y torsos.
El relevamiento también registró símbolos de otras tradiciones y devociones, como Buda o el Gauchito Gil, además de palabras como “energía”. Para el estudio, esa combinación sugiere una religiosidad que no desaparece, sino que se reconfigura al mezclar lo sagrado con lo cotidiano.
La familia y los afectos ocupan otro núcleo central. Nombres de hijos, fechas importantes, retratos familiares y mascotas aparecen como parte de una cartografía íntima que, de acuerdo con los investigadores, remite a padres, parejas, hijas, hijos y animales convertidos en amuletos permanentes.
En esa lógica, la piel opera como una respuesta directa a lo que muestran estos futbolistas cuando se tatúan: no solo decoran el cuerpo, sino que inscriben allí a las personas, creencias y experiencias que consideran fundamentales en su vida.
El 60% de los tatuajes está en las zonas más visibles durante un partido
Los hitos profesionales también quedaron grabados en el cuerpo. Trofeos, escudos, camisetas, pelotas, números y edificios deportivos aparecen como señales de carrera, y la Copa América 2021 se repite con frecuencia, sobre todo en las piernas.
El informe precisa que la mayoría de esos tatuajes vinculados con logros se ubica en la pierna dominante del jugador. La elección sugiere que los futbolistas fijan el recuerdo de sus conquistas en su principal herramienta de trabajo.
La dimensión aspiracional aparece en leones, tigres, brújulas, relojes y frases motivacionales. El estudio señala que estos animales representan la autoimagen y las aspiraciones de los jugadores, una carga simbólica reforzada por palabras como “coraje”, “resiliencia” y “valentía”.
La publicación remarca un dato adicional: la fauna argentina no incluye leones ni tigres, por lo que su presencia no remite al entorno local, sino a valores universales asociados con fuerza y liderazgo. También observa que estos tatuajes profesionales suelen ser más pequeños que los religiosos o los de animales.
En el mapa corporal, la visibilidad importa. El 60% de los tatuajes se concentra en brazos, antebrazos, cabeza y cuello, las áreas más expuestas durante un partido televisado.
El trabajo divide esa distribución en tres zonas. La “zona A”, integrada por cabeza, cuello, brazos y antebrazos, reúne tatuajes en un sector que representa apenas el 27% de la superficie corporal; la “zona B”, de piernas y muslos, concentra el 25%; y la “zona C”, que incluye torso anterior y posterior, apenas el 15%.
En la cara interna de los antebrazos, algunos jugadores eligen grabar mensajes personales que el estudio describe como “recordatorios permanentes de aquello que no quieren olvidar”. La ubicación convierte a la tinta en parte del lenguaje visual del fútbol contemporáneo.
La investigación no encontró consignas políticas ni símbolos patrios
El equipo de Morello subraya que el fenómeno no se limita a la Argentina. En el deporte mundial, los tatuajes dejaron de ser una rareza para convertirse en una presencia habitual entre futbolistas, basquetbolistas, tenistas y nadadores.
Entre los campeones de Qatar, el estudio detecta además una diferencia generacional. No aparecen consignas políticas ni símbolos patrios, en contraste con Diego Maradona, que llevaba tatuados a Ernesto “Che” Guevara y Fidel Castro.
La conclusión del trabajo es explícita: “Los tatuajes sugieren que la política tiene una importancia menor para este grupo que para las generaciones argentinas anteriores”. También destaca que, pese al peso cultural de Maradona en el fútbol argentino, ningún jugador del plantel lleva tatuajes suyos.
En cambio, abundan referencias de cultura popular. Entre los motivos relevados figuran personajes y universos de Los Simpson, Pokémon, Prison Break y Peaky Blinders.