Las plantas pueden “sentir” cuando las tocan: la ciencia descubrió cómo responden al contacto

Las plantas no tienen cerebro ni sistema nervioso como los animales, pero pueden detectar estímulos mecánicos


Durante mucho tiempo, las plantas fueron consideradas organismos pasivos que simplemente crecían en función de la luz, el agua y los nutrientes disponibles. Sin embargo, la ciencia demostró que su comportamiento es mucho más complejo de lo que parece.

Las plantas pueden detectar cambios de temperatura, humedad, luz y gravedad, pero también responden al contacto físico. El roce de un animal, el viento, la lluvia o incluso el contacto repetido con otra planta pueden provocar cambios en su crecimiento y en la actividad de determinados genes.

Las hojas frescas y verdes prosperan al sol. foto – Imagen de Verde  gratuita en Unsplash

Aunque no sienten el tacto de la misma manera que los seres humanos, cuentan con mecanismos capaces de percibir estímulos mecánicos y transformar esa información en respuestas biológicas.

¿Cómo puede una planta detectar un contacto?

Las plantas no tienen neuronas ni un cerebro que procese las sensaciones. En su lugar, utilizan células capaces de detectar modificaciones físicas en sus tejidos. Cuando una hoja, un tallo o una raíz recibe un estímulo mecánico, las células pueden experimentar cambios en su membrana y activar señales internas.

Perfil de un hombre en el interior de un invernadero tocando plantas.  Otoño, invierno. Concepto invernadero urbano, comida sustentable, sano y  orgánico. Stock Photo | Adobe Stock

Entre ellas se encuentran variaciones en el calcio celular, uno de los elementos que participan en la transmisión de información dentro de las plantas.

De esta manera, un estímulo que comienza en una zona determinada puede desencadenar respuestas en otras partes del organismo.

El viento también puede cambiar la forma de crecer

Uno de los ejemplos más conocidos es la respuesta de las plantas al viento o al movimiento constante.

 

Cuando una planta está expuesta repetidamente a estímulos mecánicos, puede desarrollar un crecimiento diferente al de una planta que permanece en condiciones completamente tranquilas.

Este fenómeno se conoce como tigomorfogénesis y puede provocar tallos más cortos y robustos.

La explicación tiene sentido desde el punto de vista evolutivo: una planta que recibe constantemente viento o contacto puede modificar su estructura para resistir mejor las condiciones de su ambiente.

Las plantas también reaccionan al roce

El contacto físico puede producir cambios incluso cuando no existe una amenaza evidente.

Plantas de exterior resistentes al sol y al viento - Croppit

Un simple roce repetido puede modificar el crecimiento de determinadas plantas y activar respuestas internas relacionadas con el estrés.

En especies trepadoras, por ejemplo, el contacto tiene una función especialmente importante.

Cuando los tallos encuentran una superficie, pueden comenzar a enrollarse alrededor de ella. Este mecanismo les permite utilizar otras estructuras como soporte y alcanzar zonas con mayor disponibilidad de luz.

No necesitan un cerebro para hacerlo: las células responden a estímulos físicos y coordinan cambios en el crecimiento.

¿Las plantas “sienten dolor”?

Esta es una de las preguntas más frecuentes cuando se habla de la capacidad de respuesta de las plantas. La respuesta científica es mucho más compleja que un simple sí o no.

Las plantas pueden detectar daños y activar señales eléctricas, químicas y hormonales. Cuando un tejido resulta lesionado, determinadas moléculas pueden desplazarse por la planta y activar mecanismos de defensa.

Plantas de exterior resistentes al sol y al viento - Croppit

Sin embargo, no existe evidencia de que las plantas experimenten dolor consciente como los animales.

El dolor, tal como lo conocemos, está relacionado con sistemas nerviosos capaces de procesar estímulos y generar una experiencia subjetiva. Las plantas no poseen ese tipo de sistema nervioso.

Por eso, los científicos suelen hablar de detección de daño y respuestas al estrés, en lugar de afirmar que una planta siente dolor.

Una hoja dañada puede activar defensas

Cuando un insecto se alimenta de una planta o un tejido resulta lesionado, pueden producirse cambios químicos que afectan a diferentes partes del organismo.

Palmera Washingtonia

Entre las sustancias involucradas se encuentran hormonas vegetales como el jasmonato, que participa en numerosas respuestas relacionadas con heridas y ataques de herbívoros.

Estas señales pueden activar mecanismos de defensa y modificar la producción de determinados compuestos.

En otras palabras, una planta puede detectar que algo está dañando una de sus partes y reorganizar su funcionamiento para responder a esa amenaza.

Las señales pueden viajar por toda la planta

Uno de los aspectos más sorprendentes es que las respuestas no necesariamente quedan limitadas al lugar donde ocurrió el daño.

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Las plantas cuentan con diferentes sistemas de señalización que permiten transmitir información a través de sus tejidos.

Las señales eléctricas y químicas pueden desplazarse desde una zona afectada hacia otras partes, donde desencadenan nuevas respuestas.

Esto permite que una planta coordine diferentes órganos sin tener un cerebro centralizado.

El calcio funciona como una especie de mensajero

El calcio tiene un papel fundamental en muchos de estos procesos.

Cuando una planta detecta determinados estímulos, la concentración de calcio dentro de algunas células puede cambiar.

Estas variaciones funcionan como señales que ayudan a activar diferentes procesos celulares.

La intensidad, duración y ubicación de esas señales pueden variar según el estímulo recibido.

Por eso, algunos investigadores estudian estos cambios como una especie de sistema interno de comunicación vegetal, aunque nuevamente no debe confundirse con el sistema nervioso de los animales.

Las plantas son mucho más sensibles de lo que parecen

Desde afuera, una planta puede parecer completamente inmóvil. Sin embargo, a nivel celular está constantemente detectando cambios y ajustando su funcionamiento.

Rosa 'Iceberg' - Wikipedia, la enciclopedia libre

Puede responder a la luz, la gravedad, el agua, la temperatura, los nutrientes, los microorganismos y diferentes estímulos mecánicos.

Estas respuestas ocurren lentamente en comparación con las de los animales, pero son fundamentales para su supervivencia.

Una planta que crece en un ambiente ventoso, por ejemplo, no necesariamente desarrolla la misma estructura que otra de la misma especie que crece protegida.

Un mundo de señales que todavía estamos descubriendo

La investigación sobre la capacidad de respuesta de las plantas está cambiando la manera en que los científicos entienden a estos organismos. No tienen cerebro, ojos, oídos ni sistema nervioso, pero cuentan con mecanismos sofisticados para detectar cambios y responder a ellos.

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El estudio de estas señales también puede tener aplicaciones prácticas. Comprender cómo las plantas reaccionan al estrés podría ayudar a desarrollar cultivos más resistentes frente a condiciones como la sequía, las altas temperaturas o determinadas enfermedades.

La próxima vez que una hoja se mueva con el viento, una planta se incline hacia una ventana o un tallo se enrolle alrededor de un soporte, puede parecer simplemente parte del paisaje.

Pero detrás de esos movimientos existe una compleja red de señales celulares que demuestra que las plantas no son organismos pasivos: están constantemente percibiendo su entorno y adaptándose a él.

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