La preservación de estos ecosistemas resulta fundamental para la biodiversidad mundial, mientras que los conocimientos ancestrales de comunidades indígenas y locales fortalecen la protección, la gestión sostenible y la identidad colectiva
Más allá de su función ecológica, los humedales constituyen un patrimonio cultural profundamente enraizado, cuyos saberes tradicionales resultan clave para su protección y gestión sostenible. Así lo remarca el lema del Día Mundial de los Humedales en 2026: “Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebremos el patrimonio cultural”, según la Secretaría de la Convención sobre los Humedales. Las prácticas ancestrales de comunidades indígenas y locales —como la quema controlada, el monitoreo basado en señales de flora y fauna y la protección normativa de especies y áreas— no solo promueven la conservación, sino que refuerzan la identidad y el bienestar colectivo.
El Plan Estratégico de la Convención sobre los Humedales 2025-2034 impulsa la integración de este conocimiento en la gestión pública, con sistemas de co-gestión que involucren de forma plena a las comunidades en la toma de decisiones, así como la documentación de técnicas tradicionales y rituales asociados. La Convención RAMSAR subraya así la importancia de preservar los derechos y saberes de los pueblos originarios, que representan cerca del 6% de la humanidad y custodian una cuarta parte de la superficie terrestre, conservando una proporción significativa de la biodiversidad del planeta.
La degradación de estos ecosistemas avanza a ritmo alarmante. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que la desaparición de humedales progresa tres veces más deprisa que la de los bosques. Entre 1700 y el año 2000, el mundo perdió el 85% de sus humedales originales, mayoritariamente por el drenaje para agricultura, el avance urbano, la contaminación y la presencia de especies invasoras, según la Convención RAMSAR. Solo en los últimos 50 años, la ONU estima que se extinguió el 35% de estos ambientes, dejando a más de mil millones de personas sin acceso estable a agua, alimentos y empleo.
La importancia funcional de los humedales es doble: ecológica y social. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cerca del 40% de las especies vegetales y animales depende de ellos para subsistir. Además, filtran contaminantes, regulan el clima y ofrecen protección ante fenómenos extremos. Datos del informe Global Wetland Outlook 2025 —elaborado por la Secretaría RAMSAR— cifran los aportes económicos anuales en un rango de 7,98 a 39,01 billones de dólares.
Estos ecosistemas —lagos, ríos, estuarios, manglares, marismas y ambientes creados como arrozales o embalses— concentran complejas redes alimentarias, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA). Sirven de refugio a especies en riesgo y contribuyen a la estabilización de costas, además de proveer recursos naturales, alimentos, medicinas y materiales de construcción.
En Argentina, los humedales abarcan grandes áreas como el Delta del Paraná y el Iberá, además de cuerpos menores en regiones áridas que cumplen funciones esenciales, según la Subsecretaría de Ambiente de la Nación. El país cuenta con 23 sitios Ramsar protegidos, que suman más de 5,6 millones de hectáreas bajo resguardo.
La presión antrópica permanece constante. Urbanización, deforestación, cambio climático y explotación de recursos dizman la extensión y la diversidad de estos ecosistemas. El PNUMA advierte que su desaparición reduce la biodiversidad, elimina fuentes de trabajo y profundiza la pobreza en las comunidades vulnerables.
El Día Mundial de los Humedales, celebrado cada 2 de febrero y establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas, recuerda la firma de la Convención RAMSAR en 1971 en Irán. La jornada constituye una invitación a gobiernos, organizaciones y ciudadanos para reconocer el valor de los humedales —no solo como reservas de biodiversidad— sino como espacios de cultura viva y memoria compartida.