Cocina a gas vs. cocina eléctrica: nuevo estudio de Stanford advierte sobre graves riesgos para la salud

Por primera vez midieron el impacto real del dióxido de nitrógeno en las viviendas en Estados Unidos.


Cambiar la cocina a gas por una eléctrica reduce de manera significativa la contaminación del aire dentro del hogar. Esa es la principal conclusión de un nuevo estudio liderado por la Universidad de Stanford, que analizó la exposición al dióxido de nitrógeno (NO₂) en viviendas de todo Estados Unidos.

El trabajo revela que la sustitución de equipos a gas puede disminuir más del 50% la exposición a este contaminante en interiores, con un impacto directo sobre la salud respiratoria.

Según informó Ecoinventos, el estudio fue publicado el 2 de diciembre en la revista científica PNAS Nexus y comparó, por primera vez a escala nacional, la exposición al nitrógeno dentro y fuera del hogar.

El gas natural y el propano liberan dióxido de nitrógeno durante la combustión, un contaminante asociado a asma, enfermedades pulmonares crónicas, partos prematuros y ciertos tipos de cáncer.

El trabajo señala que reemplazar una cocina a gas por una eléctrica reduce la exposición personal al nitrógeno en más del 25% en promedio y hasta en un 50% en los hogares con mayor uso del fogón, que constituye la principal fuente puntual de este gas dentro de las viviendas.

Rob Jackson, profesor de la Stanford Doerr School of Sustainability y uno de los autores del estudio, advirtió que existe una percepción errónea sobre la seguridad del aire interior. Según confió, muchas personas asumen que el aire dentro de casa es limpio, cuando en realidad puede convertirse en la principal fuente de exposición.

Cocina a gas: mayor riesgo en viviendas pequeñas

El impacto resulta más severo en viviendas pequeñas o con mala ventilación, donde las concentraciones de nitrógeno pueden superar los límites recomendados incluso cuando el aire exterior presenta buenos niveles de calidad. El estudio también detectó riesgos elevados en zonas rurales, donde el uso de cocinas a gas es más frecuente.

La investigación combinó mediciones de aire en hogares reales con datos de calidad del aire exterior, características constructivas de más de 133 millones de viviendas y patrones de uso de cocinas. A partir de ese cruce, los científicos elaboraron mapas de exposición por código postal y por condado, que permiten identificar con precisión dónde se concentra el mayor riesgo.

Los datos muestran que, para la mayoría de la población, la mayor carga de nitrógeno proviene del exterior, debido al tránsito y la quema de combustibles fósiles.

Sin embargo, para unas 22 millones de personas la principal fuente de exposición se encuentra dentro del hogar. En esos casos, los niveles interiores superan a los del aire de la calle, una situación que se registra con mayor frecuencia en comunidades con menos recursos.

El estudio advierte que los picos más altos de contaminación aparecen durante la cocción y pueden extenderse por horas. Estas exposiciones afectan de manera desproporcionada a hogares indígenas, afroamericanos y latinos, donde suelen coincidir viviendas más pequeñas, peor calidad del aire exterior y menor acceso a electrodomésticos modernos.

¿Cómo reducir la contaminación por gas en el hogar?

Antes de un recambio completo, el trabajo señala que el uso de campanas extractoras y la ventilación ayudan a reducir la contaminación, aunque no la eliminan. En ese contexto, las cocinas eléctricas y, en particular, las placas de inducción aparecen como una alternativa efectiva y accesible.

De acuerdo a Ecoinventos, hoy existen modelos portátiles por menos de 50 dólares y programas de incentivos estatales y federales que facilitan la transición, en línea con las políticas climáticas vigentes.

Para los autores, priorizar la calidad del aire interior no solo reduce emisiones, sino que ofrece beneficios sanitarios inmediatos y medibles en millones de hogares.

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