Uso temprano de plataformas y síntomas de ansiedad: el dato del estudio australiano que obliga a mirar otra pregunta

El análisis también sumó un metaanálisis internacional con 153 seguimientos y más de 363.000 menores, mientras se discute qué cambia cuando una norma empieza a regir de verdad


Un estudio realizado en Australia con 365 adolescentes halló que el uso temprano de redes sociales se asoció con más síntomas de ansiedad y depresión entre los 10 y 15 años, un dato que cobra peso porque fue relevado justo antes de que entrara en vigor la prohibición para menores de 16 años en ese país.

El resultado dialoga con una escala mucho mayor: un metaanálisis internacional de 153 estudios longitudinales y más de 363.000 niños y adolescentes ya había encontrado asociaciones persistentes entre el uso de estas plataformas y mayores riesgos de depresión, ansiedad, autolesiones y dificultades socioemocionales.

Publicado en JAMA Network Open, el trabajo australiano no se destacó por el tamaño de su muestra, sino por el recorte preciso que ofrece sobre una población específica en las seis semanas previas a la aplicación de una de las restricciones más estrictas del mundo para menores de 16 años.

La edad de inicio apareció como el dato más consistente del estudio

Los autores evaluaron a 365 adolescentes de entre 10 y 15 años, con una edad media de 12,8 años. Los datos fueron recogidos entre el 25 de octubre y el 9 de diciembre de 2025, antes de que comenzara a aplicarse en diciembre de ese año la norma australiana.

Entre los participantes, el 70% dijo haber usado redes sociales alguna vez. Cerca de la mitad tenía su propia cuenta y la edad media del primer uso fue de 11 años.

Al analizar las respuestas, los investigadores observaron que haber usado redes sociales alguna vez se vinculó con mayores síntomas de ansiedad y depresión. El patrón más firme fue otro: cuanto menor era la edad de inicio, mayores eran los síntomas en ambos indicadores.

En ansiedad, el estudio detectó que los adolescentes que ya habían usado estas plataformas presentaban más síntomas que quienes nunca las habían usado. También encontró que tener una cuenta propia se vinculó con más ansiedad, mientras que en depresión esa relación con la tenencia de una cuenta no apareció con la misma claridad.

Ese es el núcleo del hallazgo: en adolescentes de 10 a 15 años, el estudio no solo relacionó el contacto con redes sociales con más síntomas de malestar psicológico, sino que señaló a la edad de inicio como una variable especialmente sensible.

Australia ya exige límites a las plataformas para menores de 16 años

La regulación australiana exige a las empresas de redes sociales que adopten medidas razonables para impedir que los menores de 16 años tengan una cuenta en plataformas como Facebook, Instagram, Snapchat y TikTok. La discusión pública en el país se apoyó en la preocupación por el deterioro de la salud mental adolescente y por rasgos de estas plataformas como la comparación social y la exposición a contenidos inapropiados.

Al mismo tiempo, muchos adolescentes consideran que esas aplicaciones forman parte central de su vida cotidiana y de sus vínculos. Esa tensión ayuda a explicar por qué las restricciones de edad generan apoyos divididos y por qué su cumplimiento no depende solo de la existencia de una ley.

Uno de los datos más llamativos del estudio fue que solo el 25% de los participantes dijo que dejaría de usar redes sociales por completo después de la entrada en vigor de la norma. El 75% manifestó que planeaba seguir utilizándolas de alguna forma.

Los investigadores tampoco encontraron una relación clara entre los niveles de ansiedad o depresión y la intención de cumplir con la norma. Esos síntomas no parecieron influir de manera decisiva en si los adolescentes pensaban acatar la restricción o buscar una forma de seguir en las plataformas.

El valor del trabajo, frente a estudios mucho más amplios, pasa por dos puntos concretos: pone el foco en la franja de 10 a 15 años, clave para discutir cuándo empieza la exposición, y permite observar el problema en un país que avanzó con una regulación pionera para limitar el acceso formal de menores.

Ese contexto le da un peso particular como fotografía previa a la aplicación de la ley. También muestra cómo el debate dejó de concentrarse solo en el tiempo de uso o en la posesión de una cuenta y empezó a girar cada vez más alrededor de la edad en que comienza la exposición.

Los autores señalaron varias limitaciones. El estudio se hizo con adolescentes urbanos de nivel socioeconómico relativamente alto, lo que reduce la posibilidad de generalizar los hallazgos al conjunto de la población, y además midió intenciones, no comportamientos observados después de la puesta en marcha de la norma.

También advirtieron que la aceptación social de nuevas leyes puede cambiar con el tiempo. Por eso plantearon que será clave seguir evaluando qué ocurre una vez que la regulación esté más asentada y si esa política modifica de manera efectiva la exposición a redes sociales y los indicadores de salud mental en grupos más diversos.

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