Especialistas de la American Academy of Dermatology y Mayo Clinic alertan que el calor, el sol y la humedad favorecen el deterioro de las uñas y pueden señalar problemas subyacentes, requiriendo mayor vigilancia durante esta estación
El verano representa un desafío para la salud de las uñas, ya que la exposición al sol, el agua y la arena favorece su debilitamiento y aumenta el riesgo de daños estructurales. Mantenerlas en buen estado durante la temporada estival requiere no solo una rutina de cuidados específicos, sino también adaptar la higiene y la alimentación, según han afirmado especialistas de la American Academy of Dermatology (AAD) y Mayo Clinic. La utilidad de estas recomendaciones radica en que unas uñas deterioradas pueden ser señal de problemas de salud, además de afectar la calidad de vida durante los meses más calurosos.
Aunque los consejos de los expertos ofrecen herramientas prácticas, no reemplazan la consulta médica ante alteraciones persistentes. La Mayo Clinic ha advertido que cambios en el color, la textura o la forma de las uñas pueden indicar una enfermedad subyacente y requieren valoración profesional. El artículo publicado en la revista Nature también alertó sobre los riesgos que implica la manicura semipermanente con lámparas UV, ya que la exposición a este tipo de luz podría asociarse con un mayor riesgo de cáncer de piel. La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos subrayó además el aumento de uñas encarnadas vinculado al uso de calzado cerrado en días calurosos, una molestia común en el verano.
Las uñas, formadas principalmente por queratina, actúan como barrera protectora. Durante el verano, factores como la radiación ultravioleta deterioran esta proteína, lo que provoca pérdida de brillo, fragilidad y quiebre fácil. La humedad constante por los baños en piscinas o mar y el contacto con productos químicos incrementan la vulnerabilidad, mientras que la sudoración favorece la proliferación de bacterias y hongos que pueden provocar infecciones.
El uso reiterado de calzado cerrado o de punta eleva la frecuencia de uñas encarnadas. Según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, esto ocurre con mayor asiduidad en climas cálidos, cuando los pies tienden a transpirar más y la piel se reblandece.
Los especialistas recomiendan una serie de prácticas para minimizar el deterioro. Mantener las uñas cortas y limpias dificulta la acumulación de microorganismos y reduce el riesgo de lesiones. Para su limado, la Cleveland Clinic sugiere elegir limas de vidrio, cartón o diamante—las de metal pueden dañar la placa ungueal. La hidratación diaria de manos y uñas, especialmente antes de dormir, contribuye a preservar la estructura, mientras que secar bien tras cada lavado previene el ablandamiento.
Rutinas de prevención que aconsejan los expertos
La utilización de guantes de goma al manipular productos de limpieza protege del contacto con químicos agresivos. También se ha aconsejado retirar los residuos de crema solar de las uñas después de su aplicación, para evitar daños en la manicura. Los esmaltes oscuros o fuertes ofrecen mayor resistencia frente a la decoloración causada por el sol y el cloro, pero se recomienda alternar su uso y priorizar productos libres de componentes tóxicos.
El artículo en Nature puso el foco en el riesgo potencial vinculado a las lámparas UV utilizadas en las manicuras semipermanentes. Esta tecnología, aunque popular, expone a la piel a radiación ultravioleta, por lo que se sugiere limitar su uso.
Alimentación y técnicas de corte adecuadas
Un abordaje integral del cuidado ungueal comienza con una dieta equilibrada en proteínas, biotina, zinc e hierro. Los alimentos recomendados incluyen huevos, lácteos bajos en grasa, carne magra, bananas, cereales y nueces. En algunos casos, el profesional de la salud puede indicar suplementos específicos si lo considera pertinente.
El corte de las uñas debe adaptarse a la zona del cuerpo. Para las manos, se aconseja una forma redondeada; para los pies, corte recto, con instrumentos limpios y afilados, a fin de prevenir infecciones y evitar que se encarnen.
Entre los gestos perjudiciales destacan el empleo de las uñas como herramientas para abrir envases o raspar superficies, así como el hábito de morderlas o cortar las cutículas sin desinfectar, conductas que aumentan el riesgo de infecciones y debilitan la estructura.
El descanso entre capas sucesivas de esmalte, sumado al uso de endurecedores y cosméticos de mayor tolerancia, sostiene la integridad de la lámina ungueal y favorece su recuperación.
Las rayas y cambios estructurales: posibles señales de alerta
La presencia de líneas o rayas en las uñas es otro aspecto que podría requerir atención especializada. Las líneas longitudinales suelen relacionarse con el envejecimiento o traumatismos menores, mientras que las bandas horizontales pueden estar asociadas con estrés físico o enfermedades sistémicas. Según la AAD y MedlinePlus, patologías como el hipertiroidismo, el hipotiroidismo y la diabetes pueden manifestarse a través de fragilidad, estrías, engrosamiento o cambios de color en las uñas.
Las infecciones micóticas y enfermedades como la psoriasis también afectan la textura y el aspecto, pudiendo presentarse con descamación, engrosamiento o variación del tono.
Ante la aparición de alteraciones persistentes en la apariencia, forma o crecimiento de las uñas, las instituciones médicas coinciden en la necesidad de consultar con un dermatólogo para descartar causas sistémicas.
El último dato relevante coincide en que adoptar medidas de protección y mantener la higiene, junto con el seguimiento profesional en caso de anomalías, compone el estándar para preservar la salud ungueal durante el verano.